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febrero 22, 2010

Drims

(Recauchutado del 2009)

Ya la memoria no permite soñar, los sueños olvidan sus recuerdos y las partes dejaron hace rato de formar parte de la parte. Y como si esto fuera poco, en este finito mundo del universo, el absurdo cobra cierta lógica ilógica. Sueño con ideas dispares, sonidos de vainillas y chocolate y silencios turquesa. Sinsentidos concientes en el sueño inconsciente del ser pensante que detiene, por un chiquitín su pensar, para poder soñar, con un sueño despierto. 

-Y ahí entran tus laberintos, mi amigo-, pero estos son más rudimentarios. Nacen de la noche, de una noche eterna, oscura que enceguece la razón; y por ello, tácita. Ahora al menos, estamos, pero muriendo, y entonces... qué nos queda. 

Estando, muriendo, viviendo, gerundios caminando. Eso somos. En una rueda de mancuernas, de ruletas rusas y azares. Infinidad de hipótesis, incongruencias y mil sueños despiertos. Mi mundo o el tuyo no son muy diferentes. -Hoy no hay quien aguante, pibe- dice el canillita de mi barrio. 

Y es así, los morlacos en la calle son un universo paralelo, nos salvan hoy, del hambre de ayer, pero nuestra inapetencia de deseos, ¿quién la alimenta? Laberintos y laberintos, amigo. Pero no hay salida. Y lo sabemos. Es la angustia de un sueño compartido por miles. Quizá la llave de todo esto, es pensarlo juntos, en compañía. Hoy sin embargo recluidos, mirando -otra vez, el hombre gerundio- las tetas de moria, las cirugías de Salazar o la pelada de Tinelli. Con la velocidad del zapping, tanta cosificación nos absorbe. 

-Tomate un mate y relajá! Claro como si fuera fácil, lo decís vos, que tenés la soga al cuello. Esta cosa nos desparrama, nos aleja y nos reclama, por fuerza, a volvernos a juntar. Sabiéndonos almas diletantes, vivientes de este mismo mundo la cosa, ¿cuál cosa? Nos desconoce. La memoria no permite soñar. Juntar. De nuevo al. Viste! ni la estética hubiese permitido lo que la palabra acomodó. 

Mucha cosa, mucha realidad, mucho odio, mucha furia contenida. ¿Y desde cuándo nos preocupamos por nosotros?, ¿Cuándo nos olvidamos de sentir? ¿Quién se olvida de mis sueños?, si soy el responsable de crearlos. Qué poco mundo nos espera, si la amnesia es cuando te vas a dormir. ¿Y si lográramos eso? ¿Dormir despiertos, que el ahora sea ayer, que el tiempo se detenga, pero como una burbuja, como un plato de ravioles un domingo en casa de mamá?. AHORA, no más un adverbio sino mera perplejidad. 

Boquiabierto frente a la tentación, al deseo, a la emoción. Vivir la ilógica de mis colores, que son palabra, que son tiempo y son mundo, que no tenga ni pies ni cabeza. ¿Te das cuenta? Esto, el ahora, no tiene sentido, es lo que atraviesa mi mente como fierros incandescentes. ¿De qué vale todo esto?! De nada. Muchas gracias

Y quizá por eso escribo. Y ahora sin punto porque nadie te piensa nadie te sueña nadie nadie nadie Alguien se prende fuego el olor a chamuscado a carne fresca bien podrida son tus sueños son los míos una fogata llena de porquería quemándose al pedo porque total el sueño ya fue punto


febrero 17, 2010

Añoro

Regalarte un poema al menos
por fulero que fuera
describirte sencilla como si tan(m)poco importara
haber nacido aquí.

soñarte despierta 
regalarte te quieros por la mañana
traquilo besarte
clasificarte en infinitos colores

y cuando al fin del mundo
ya todo sea no()más un recuerdo
cantaremos una sonata
y moriremos desnudos, 
al altar de los sueños.

febrero 11, 2010

huellas

En el mar, cuando el viento está a punto de cambiar, cuando la cálida brisa muta a una fría batahola, los pescadores suelen decir que la tierra, sus vísceras y sus bichos pueden percibirlo con unos minutos de anticipación. Que basta mirar el cielo para predecirlo con suma exactitud.

Sucede en un instante y toda la tierra queda abrasada en segundos, el sol a plomo en un mediodía común puede ser devastador. De allí, de la misma nada llegan cientos de pequeños insectos y mosquitas de los más variados, aves de cualquier forma y color que parecieran huír enloquecidos del vendaval universal. Y en realidad, el mundo apenas parece moverse. 

Dicen los que saben que si uno mirara con  pericia podría identificar en la tierra también ese estremecimiento silencioso previo al cambio de la corriente. Desde dentro del mismo centro del mundo erupcionan hormigas y larvas pequeñitas que hacen del suelo una lava en movimiento.

Finalmente, luego del alarido inconsistente de esta muchedumbre de movimientos, el viento del mar, arrasa frío e intrépido caminando por las aguas marinas, creciendo hacia la costa y despilfarrando ventisca al continente entero.

Así de misteriosa es la tierra y así de inquietante es la mujer. 

Dicen los que saben que una mujer puede mutar en segundos, como el viento y sólo el cuerpo de ella puede adelantarse a esos cambios repentinos. Su piel se suaviza como por arte de magia en una sedosa cobertura, todo su cuerpo parece electrizarse y una fina capa de sudor recorre sus extremidades ante un repentino calor que sólo complejísimos sistemas de medición podrían identificar. 

Afirman que estos son avisos, rumores para los indecisos, para los incautos, para los desafortunados. Signos para  que el más incrédulo y simple de los hombres pueda entender el regocijo de una mujer.  Quien realmente pudiera verlo anotaría con detalle cada milimétrico contorno de una mirada femenina, el momento exacto en que sus pupilas se dilatan y una brisa de rubor aparece en sus mejillas. También avisan que son esos instantes donde el devoto observador queda paralizado ante los destellos de una luz de múltiples colores que ni los más sofisticados fotómetros pueden llegar a analizar.

Basta saborear, sostienen los dichosos, los labios de una mujer en ese preciso instante para comprender que los colores de los gustos conocidos dejan de tener sentido, ante esa plétora de sensaciones de imposible identificación. Son esos escasisimos segundos de ese regodeo generoso por los caminos sinuosos de la cintura de su boca lo que adelanta el preciso instante del goce eterno que una mujer se apresta a dar...

Pero muchos somos hombres citadinos, hechos de asfalto y hormigón, centurias hace que la tierra se ha distanciado de nuestra naturaleza y hoy convivimos ciegos, sordos e insensibles sin la menor certeza, sin el menor atisbo para caminar los senderos misteriosos de la mujer. Comprendemos en nuestra fatalidad, que el beso, la caricia, la mirada de ellas son un mero faro, apenas una luz  intangible del incesante devenir de infinitas tormentas de inasequible placer y satisfacción.

febrero 08, 2010

Words, Words, Words

Imagina palabras cuando duerme o cocina. Busca texturas cuando no, colores o sonidos, incluso a veces incursiona en monosílabos contagiosos y rimbombantes.

No sueña con destinos paradisíacos, bicicletas importadas o montañas enormes. No pretende grandes aventuras, relatos o incluso historias inéditas. Desea profundamente las palabras, buscándolas, exigiéndose hasta el hartazgo. Hasta que por momentos decae su espíritu, y cansado a veces se retira, sabiendo su causa perdida.

Ni siquiera, piensa a veces, tampoco es que desea realmente ello. Es más bien un obediente servidor de las letras, obedece al anhelo de encontrar por fin la mejor o la más bella combinacion de sílabas que acentúen el sonido de una catarata, que embellezcan el paisaje de un beso o que corroboren la angustia de un gesto.

Quisiera a veces, dice él precavido, -sencillamente escribir otoño en algún papel servilleta-. Lo pide en cada cumpleaños, frente a sus velitas. Pide una palabra mágica, milagrosa que lo saque por fin de la rutina, de tantos “por qué”, de los “dados por” o los “la verdad es que...”.

Se cansa de sí, porque la búsqueda es agotadora y hasta sentiría mayor comodidad si pudira inventarlas, jugar con ellas, manipularlas hasta el hartazgo de la imaginación.

Pero todo es más difícil con ellas, tienen el control sobre su cuerpo y, como dijo, es su fiel servidor. El obedece a las palabras que se descubren solas. Son palabras de tiempo propio pues no respetan ni a su escriba. No tienen respeto por nadie y entonces van y vienen como olas ruidosas en un mar temperamental.

Sueña con una sopa de letras, nadando entre fideos de formas incompletas, palabras únicas y letras cursivas. Mayúsculas y minúsculas en una pileta desbordante. Tomar de ella, con sólo abrir su mano, y dejar que “tragedia” se junte con “alquimia” que “payaso” atraviese a la “mentira” y dejar que “rotundo” e “imperativo” dejen de pelear alguna vez.

No lee diccionarios, eso sí. Si bien sería una posible solución, lo toma como un atajo, y el de atajos conoce pocos, por cierto. Cree que las palabras y la experiencia conservan un romance singular y secreto, que muy de vez en cuando se dejan entrever y lo muestran a la luz del día.

Entonces él, en esos estados de trance en la cual se agolpa su curpo entero al raíd de la palabra, se convierte en un medium, en un dispositivo que pueda recrear tan sólo una décima parte del romance silencioso. Las palabras, claro, se le escapan... y la realidad orgullosa se niega a dejarse ver.

Claro, él acepta su condición de advenidizo, de hereje de santidades impuestas. Sabe, sin embargo, que existe la divinidad, pues de no existir, tendría que recrearla. Pasajes de la vida, describirlos, recrearlos, rememorarlos con las palabras que el mundo tiene, que el hombre posee son pequeñas en un mundo donde los dioses se ocultan en cada bolsa de plástico, en una tapita de cerveza o en el forro tirado en la puerta de tu casa.

Cuanto más lo intenta, cuanto más tiempo se embarca en tal epopeya más conciente es de su incapacidad para transmitirlo. Ese desconocimiento de la lengua, de sus reglas, de sus estructuras... precisa mil años y dos infinitas bibliotecas de colmados escritores que le permitan comprender el sentido y el significado.

Son intentos, todos, atiborrados de sueños por tocar aunque sea un remiendo de realidad.

enero 04, 2010

Inconcluso

Me falta la novela. El camino hacia el cuento, el relato, la sinfonia aritmetica que es quien determina esta accion extravagante.
Si lo pensas, es como hacer musica, tocar el piano, parece una novela, no? Acaso los dedos no digitan un ritmo determinado, una angustia, un nudo y un final? El contoneo de los dedos y el sigiloso caminar de las oraciones en sus respectivos pentagramas?
Escribir musica, escribir al cuadrado. Un track tras otro, una aguja en el pajar. Todo piensa, todo siente en ese entramado, en esa arquitectura dactilar.
La tension y el momento culmine, el cansancio fisico y mental. Todo en el placer que deja plasmada una determinada estrofa musical.

Por que entonces no poder dedicarme a la poesia, puesto que surge de aquella estructura musical? Por que no anhelo escribir de esa forma? Por que a pesar de todo,  mis escritos inmediatos y finales, concretos y sin sentido. De esa busqueda parcial e infinita de volver a una oracion y otra. A ese cuento no inventado, esa novela sin contar?
Por que siempre esos parrafos largos y ese acento particular? Por que no una cancion, un violoncelo y su guitarra? Por que no logro musicalizar como pienso? Por que logra meterse en mi la necesidad de un cuento cantado? Un absoluto repiquetear de una novela aterciopelada y textual?

La poesia, sin embargo, no entra en mi como la musica o el soliloquio. Ingresan en mi cuerpo de forma inequitativa, y ese es mi karma. La musica ingresa, la siento en cada bullir de mi sangre, en cada latido y exasperacion. Acontece como el sonido de una cuerda vocal, y a pesar de ello, no la puedo cantar. No logro componer. Una tarea privilegiada.

A pesar de ello, cuantos caracteres encontre aqui? Cuantas palabas que fluyen, que llenan un espacio, un vacio. Un escritor y su pensamiento, en el vacio que nadie pensaba, del que nadie necesita. Sin embargo la palabra esta alli, se hace verbo en las manos del artista, y como una escultura, se van delineando imagenes, contornos y texturas.
Sin saberlo, el texto toma forma, no como imagen ni cuerpo ni materialidad, sino como musica en los oidos del lector. Como una brisa armonica, un triste bahido de un sentir poetico.

Palabras, palabras, palabras, Todo intento por seguir es enunciativo, es la falta de continuar, de saber que luego del punto se acaba, es la muerte, el destello de una vida que pudo haber sido vivida, de una historia contada con brillante excepcionalidad. Pero no. Claro que no, este autor no. Puesto que no sabe que lo es, tampoco conoce la forma de serlo. Es el enigma, su karma,
Escribir sabiendo que su musica puede ser genial, pero es un inculto para esas artes.

octubre 06, 2009

Reptil

Un algo singular me dijo que tendría que haberlo molido a golpes, escupido y pisoteado. Hubiera debido empujarlo y en un solo golpe partirle la mandíbula para que ya no pudiera hablar nunca más.
Bañado en insuldo y generar caos, pánico en aquel encuentro, que con su miedo se meara los pantalones y que gimoteara mostrando esa verdadera compulsa a la miseria. Debiera haber vuéltome loco, desborando furia y violencia, comunicar a todos de sus denuncias falsas, sus encubrimientos y sus objetivos espúreos. Zorrino miserable que me respiraba a dos centímetros de distancia, era su perfume hediondio y putrefacto que me daba náuseas y me violentaba en una acción desesperada, mierable zorrino sin vida ni aliento, saltando en un barro de mierda y de derrotas, sus derrotas y las de todos sus hijos de puta.
-Mentís con descaro, sin verguenza, mal parido. No hubiera bastado, tampoco la sangre en su boca. Todo el mundo allí reunido pensaría al principio en alguna apuesta teatral mal eleaborada o un ejercicio de risas insolentes. Inmediatamente verían mis ojos teñidos de rojo y la furia en mi boca escupiendo saliva y genuina locura.
Ahí la turba sedienta lo miraría como al gusano que veraderamente es y lo arrojaría a la calle para la paliza de su vida. Sería el silencio infinito de la maldad bípeda hecha hombre estirada en el cemento meado, cagado y sangando.
Nada. Ni una mueca de dolor había salido en todo ese trayecto mental de infernales consecuencias. No había entendido hasta qué punto la violencia se había agazapado en mis tripas hasta las horas posteriores en que escribo las lineas negras.
-Reptiles. Son todos y cada uno de ellos- Me había dicho una vez un amigo. Que alguno pudiera ser conciente de verlo a la luz del día y sin ningún tipo de reflejo era casi una situación inédita. Ahora lo podía comprender. Esa forma humanoide que tomó aquel día, sus pupilas verticales y su cuero frío de pantano estaba allí frente a mi, envenenando, pudriendo, intoxicando. Había más, pero no fui capaz de comprenderlo; su lengua bífida, su sombra que lo cubría todo, la noche, la muerte, el desamparo. Rastrera y cobarde, se alejaba ahora en una noche tormentosa.
Frente a frente descubrí la fisonomía de lo latente, de esa muerte asustadiza que se escapa por los vericuetos de una alcantarilla.

Podría haberlo molido a golpes, es cierto. Sin embargo lo agarré con mis manos, lo saludé y lo besé. Le dije hasta siempre, y me alejé.


octubre 01, 2009

En otra vida

De pronto vio todo su futuro
un futuro enaltecido, con tributos y reliquias
donde todo lo que había sentido, escrito, analizado o soñado
eran recordados, estudiados y comprendidos
como obras del mito que no fue
Su historia de pronto se llenó de alabanzas,
sus páginas escritas en márgenes hechas libros
Vio la tempestad de su ocaso y su recuerdo ulterior
Vio todo eso, pero ya estaba muerto

septiembre 18, 2009

Maldito

Maldito desde las puntas del pie, maldito de cuerpo completo. Hasta el infinito, partido en pedazos de maldita suerte, malditos deseos, maldiciones y pesadillas.

Y podría dejarlo así. Dos líneas estampadas en un papel, apoyadas en la mesa y allí quedar por siempre jamás. Para que queden patentes como marcas imborrables a cada paso, que sus caracteres pisoteen mi cabeza recordándome con seguridad en cada pestañeo, en cada respiración, que estoy maldito. Allí poder concebir esas dos líneas como un estigma sofocante.

Entonces nada ocurre. Simplemente nada ocurre. Son sólo dos lineas en un papel. Entender su destino es concebirse en sí mismo como un hecho estético. Una poematización de la vida. Un garabato de vida, de la cotidianidad, del presente imposible de un relámpago en la noche estrellada. Es un instante maravilloso de eterna verdad. Es el conocimiento pleno de asistir en nuestra vida al acontecimiento más brillante, más apasionante y más cabal, de palpar con los ojos, el verdadero sentido de lo artístico.

En su forma natural, concebirlo como una cuestión sobrenatural. Una brisa acariciando un pétalo caído de una flor. El rumor sinfónico de una sirena policial. O peor, de lo más absolutamente banal. Como una hoja en blanco con sólo dos líneas garabateadas en cursiva negra. Saber el contenido de estas palabras y comprender su sentido ontológico, su profundo sentido de verdad.

agosto 28, 2009

Momentum

Estaba acostado solo y a oscuras. Desnudo y sin sol. Hacía frío pero apenas lo sentía. Eran brisas que corrían de un lado a otro de la habitación. Corrientes subterraneas, incordiosas. Sólo sentía el crujido del suelo, el vibrar de la canción que en el tocadisco sonaba incesante.
Seguía con su mano derecha el sentido de las sílabas con la melodía espasmódica del cantante libertino que discutía con las cuerdas cómo prenderse fuego en un minuto; justo cuando él desnudo, tenía a su merced a su merced una vela encendida debajo de su mano bailarina.
Observaba con paciencia el fuego en su mano. No se quemaba, tan sólo es la sombra quejumbrosa de chispas que emanan de la vela encendida. Y el calor repercutía en su mano que vibraba con el cantante de esa cancion sin final.
El fuego caliente de su mano enrojecida eran el color del candor con que el cuerpo de él conectaba con las vibraciones del cielo que estallaba en un quejido partiendo la tierra de par en par. Llovía, tronaba en algún lugar un misterioso estruendo y un relámpago lo enceguecía todo.
Y el tiempo que pasaba posible en ese disco que estallaba en cada sonido maravilloso, los vidrios discurrían en sus veletas, moviendo sus aspas. Todo en el tiempo que se disipaba entre sus músculos débiles de la concentración de esas palabras bailadas de canción.
Y en la canción del epílogo, cuando el disco ensaya una suerte de final anticipado, ahí en la canción de cierre, de clausura final, su específico punto de cierre será allí donde las trompetas corrompen la penumbra de guitarras y todas estallan en un solo ruido. Junto con los truenos, el quejido y el mundo entero.
Pudo elegir vivir una vida de asceta, de capitán de barca colona, pudo querer el mundo, sus ríos, pudo haber sido montaña, esqueleto, tierra o revulsiva mar. Podría ser una flor, un capullo o tan sólo la muerte, la corriente de un pasatiempo, la sornisa desprendido de un niño o el cartílago inferior de una autopsia descarnada.
Pudo haberse enamorado o enamorar, romper leyes y violar niñas, pudo haber excitado, o penetrar la imaginación, podría haber sido millones de seres o él sólo como si fuese millones en él.
Eran miles de vidas, cientos de potencias querida o deseada, ahogo sin fin o amor eterno. Todo es la vida para él, o al menos podría haber sido tan sólo saber, el destino esprado, el requiem deseado .
Quizo todo, y lo decidió también, por eso se paró en ese final canción, vida y disco, todo en uno. Se levantó de pronto obsoleto sabiendo la sentencia, contó hasta diez y exaló un ruido tremendo, agónico y final.
Una bala pega en el centro de su corazón y cae frente al cielo. Estaba en su casa, . La canción había estallado y la lluvía había terminado de caer.

agosto 26, 2009

repetitivo

Repetitivo

...(sin cesar) me copio las frases, sin cesar. Es una recurrente. Me ayuda a transitar despacito el espacio. Estrellas son los obstáculos, sólo los soles ooo son mi horizonte.

Y si el cosmos está allí para mi, ¿para qué habré decidido venir a aquí, sin siquiera conocerlo? Algo, sin embargo, me trajo, sin dudas. Algo que olvidé en algún cajón secreto y aquí ando caminando, buscando el cajoncito. Y ni una sola pista, algún crujido en las hojas que me haya logrado recordar una milésima de aquella decisión!

Y así, nací sí o sí(no te habías dado cuenta?) un día aquí. Y de esa, estoy seguro, fue una toma de decisión. Compleja, definitiva, perfectamente clara hube de nacer aquí por esa maldita causa que sigo esperando oír como "un ciego frente al mar" (copio frases, sin cesar).

Tuve que existir en este preciso momento, pero por qué. Y es imposible saberlo claro, si estuviera vivo, porque hasta el final de mis días estaría esperando esa respuesta. Algo que me justificara en la vida que llevo, que me encontrara con lo que soy, con lo que fui...lo que queda por venir.

(Si este fuera un cuento, mi narrador sería un muerto que escribe de un más-allá-acá-qué-se-yo y le dijera a su yo-vivo todo por cuanto quiso escuchar; por qué nació, que lo hizo decidir, qué esperaba encontrar, qué pensaba hacer cuando lo hallara...mil cosas más. Sería un lindo descubrimiento personal que el lector haría consigo mismo y lo dejaría esperando respuestas a todo eso que piensa)

Pero claro, son el personaje que en aquella novela lee el cuento. No el que lo escribe. Entonces aquí no exista quien me responda en estas lineas lo que resta por venir. El origen. Entonces la tragedia se vuelve insoportable. Esa angustia del lector se hace conciente en esta realidad mía que me lo escupe en la cara. Qué lindo el lector! Está allí, inconsciente de todo, esperando que le narren una historia feliz, que no importa lo triste y trágico que se describa, todo habrá sido ganancia, puesto que le han respondido algo más. Un libro mas, una carilla traspasada.

Y por eso los cuentos tan largos y esta historia tan corta. Por eso la biblioteca de babel (la de jorge luis) de infinitas producciones, y aquí una sola y con titulo breve. ¿Cómo se termina lo que nunca empezó, lo que nunca se escribió, lo que nunca se dijo, lo que nunca existió? Con un punto. Claro. Eso ...(sin cesar) me copio las frases, sin cesar.

agosto 21, 2009

Baile

Un preludio ciego y latente, una danza de miradas atónitas y perturbadoras. Respiraciones y jadeos entre ellos dos. Y nadie más. Todo en ese momento, en un único momento de danza perenne, de dos seres desconocidos. Allí, todo se detuvo, todo se desarrolló normalmente y no fueron más que minutos encendidos de una efervescencia incontenible, que para ellos había transcurrido en una eternidad.
Ninguno hubiese imaginado que ese momento, por sus implicancias, por sus vericuetos en el transcurrir del mundo fueran lo que fue. Sucede por momentos, son momentos, esbozos que contienen en potencia mil imágenes, sonidos e historias, pero que los hombres y mujeres son incapaces de visualizar en ese exacto momento. Sólo el tiempo, la historia y el recorrido vital de sus humanidades sabrán lo que tal acontecimiento finalmente provocó.
Sus miradas bailaban en esa loca música sin sonidos, música de soñadores, asesinos y enamorados. Se buscaban, se perseguían, huían y se excitaban en un mismo tono, en donde los dos ni siquiera se tocaban.
Toda su danza son pasos improvisados, pero muy bien pensados, estratégicamente diseñados para que en esos sinuosos contoneos de la mirada, la presa caiga en la red, para luego dejarlo escapar.
De pronto sus miradas se cruzaban, por un instante pecador, la piel de ella, ese lunar entre sus pechos se volvían invisibles en el agitado pecho que se ruborizaba. La respiración agitada y los ojos escurridizos habían encontrado la meta, encontrarse con el otro, aunque hubiese sido un instante. Sin embargo, nada se decía, y menos aún, lograban tocarse. No era esa la intención.
Esa danza agobiante y soez frente a un mundo que los miraba continuaba sin pausa. La sensación de huida, de escondite en aquellos ojos pardos se hacía urgente y la humedad del ambiente se instalaba en sus cuerpos.
Las miradas resbalaban por los cuerpos aquietados de ese transcurrir infinito, que debía sobrevivir. No obstante, la danza termina. Abrupta e intempestivamente. Ella se levanta de su silla y se escapa por el túnel oscura. Parecería que allí todo había acabado y sin embargo, aún quedaba algo más. Un gesto único que lo completaría todo por fin.
Él lo había imaginado, lo había intuido en su expresión, en la forma de levantarse y en cómo se había ceñido la mirada de ella. Deben existir poros en el cuerpo que muestren el vaivén de las miradas ajenas, puesto que él la devoró en ese movimiento.
Saliendo ya del coche, un atisbo tan sólo fue suficiente. Nadie había dicho una palabra, pero allí estaban los dos; de pronto lo sonrisa de ella lo ilumina todo en el oscuro pasaje a la inexistencia. Los ojos brillantes, sus labios entornados y su rostro diáfano lo mira por ultima vez, quizá verdaderamente por primera vez. Son miradas lascivas, impúdicas luego de un juego de huidas y contornos. Son miradas llenas de pasión que dicen todo y callan lo demás. En ese momento sus sonrisas se envuelve detrás de un vidrio, de miran por horas, que son segundos y todo lo demás vuelve a desvanecer.
El mundo podría desaparecer, cuántas veces lo hemos vivido! pero en este caso un chasquido hubiera bastado para que todo desapareciera. Todo debía mantenerse como aquel instante, esa foto imborrable que lo cambiaría por siempre.
Sus miradas se buscan por última vez en un acto de dulzura inconmensurable y silencioso que sus sonrisas al viento rozan en un beso que nunca se darán. Sus corazones desnudos dicen el resto.
Nunca más la verá. Jamás podrán repetir aquella pieza exquisita jamás inventada. Nunca volverán a reconocerse en rostros jamás soñados y sólo quedará ese instante.
Sin embargo su mirada permanece por siempre en él, y él en ella. Aún cuando salen de ese oscuro trama subterráneo, saliendo a la fría ciudad gris, al montón, a la gravedad física de este mundo; ellos guardan un secreto primavera, el de un hombre y una mujer que bailaron por primera y última vez.

agosto 05, 2009

Cierra los ojos

Cierra los ojos. Al parecer conduce a una orden. Nadie lo sabe aún, aunque todos pueden suponer que en realidad se trata de un texto dirigido a quien lee, y entonces la sintaxis normal, sería leída ahora como una acción de algún personaje ficcional.
Entonces cierra los ojos, ella, a quien vemos obnubilada en una ceguera corporal, habitual, sedimentada en miles de años de humanidad. Su ceguera inducida y espontánea, personal, instantánea y mini decimal; no es pues más que un simple clausurar de los ojos al pestañar.
Sin embargo aquí, en el texto irredento, lo que se intuye es una breve celebrada descripción de un ojo al cerrar. De recrear con sumo detalle la descripción de un gesto, de un simple articular; y he aquí la maravilla narrativa, de poder sentir en mil imágenes por segundo, el transcurso de la eternidad.
Entonces sin más explicación que esta el autor retrata un origen, una génesis. Es ella que por alguna irritación fugaz, un leve chasquido, una brisa milimétrica o quizá un susto abismal reproduce una noche infinita que dura una centésima y el mundo desaparecerá.
La desaparición, aclarará el autor, de lo que se trata en realidad, es entenderla en su estado estético puro. Imaginar y fabricar una mirada ética del momento eterno y mil infinitas veces repetido de un mero pestañar. Y entonces nuevamente, impedido de cualquier otra interrupción todo lo demás acontece.
La luz se desvanece y es el mundo que desparece. Una oscuridad que se manifiesta en su negra verdad y quema arde y ensordece como una imposibilidad de mantenerse así. La oscuridad se vuelve devastadora el silencio mortal. Camino entonces en ese mismo estado fugaz por alguna frondosa avenida de la gran ciudad. Es también allí donde el cuerpo recupera cierta dignidad y resuelve en el transcurso de ese tránsito; y entonces respira, exhalando ese final de un aire viciado en ese nuevo mundo de oscuridad y muerte. Sale pues, mientras el mundo en negro camina un paso más.
Por esa extraña razón del cosmos estos dos movimientos se dan en paralelo quizá por vez única y eterna finalmente. Entonces en este choque imposible de casualidades habituales la piel se vuelve impúdica, las prendas se desvanecen en un suelo árido y el cuerpo queda desnudo, de una corporeidad inédita, puesto que es inédito este momento celeste.
Caminará desnuda, dirán los lectores viciados aún por el puerto aquél, de la previa lectura; que aún no logran trasladarse en esta aventura de las letras a leer ya como una hermosa moraleja, como todo acto estético. Estamos hablando que la desnudez será vista como elemento ficcional de esa verdad que se desviste de la hipócrita vida real. Los dos elementos que antes se combinaban entre el respirar y el movimiento horizontal de nuestras pestañas genera EL acto artístico del relato, la idea de esta mujer es desnudada al mundo real en el mágico instante de este acontecimiento. La mentira termina de sobrevivir y el teatro comienza, sus cortinas se abren.
Camina sin rozar las miles de almas carteras, almas sobretodos, vidas polleras y algún portafolio. Multiplicado de millones de ellas, a velocidades imposibles en el tempo de esta mujer que en su lento caminar despide sus últimas verdades esparcidas en el piso.
Esgrime una desnudez sofocante a la humanidad que la observa circunspecta condescendencia aunque de ella emerge la verdad del violento egoísta peatón.
Ella que nada ve, relaja sus pulmones. Se híper sensibiliza esgrimiendo una risa perfecta y siente esa respiración, con el viento atravesando las puntas finales de sus uñas violetas pintadas. Una nieve después que corre por sus piernas desnudas haciendo un zigzag entre pie y pie.
Y todo en un quiebre de su pestañar que ahora se demora en finalizar, que se suponía que allí terminaba todo. Sin embargo la esencia aún pervive y lo siente en su andar que comienza a percibir que esta ceguera se tarda en finalizar.
Este egoísmo cruel de quienes la ven brillando la define en su momento final. Aquí es ella quien decide: seguir caminando sin pausa viviendo esta mentira ficcional, donde el relato continuaría por siempre y leeríamos toda la historia que continúa tras de esa primera negritud; o bien abriría sus ojos para volver a la verdad impostora que la aleja por siempre de este otro submundo y acabará allí donde el punto determine la blanca hoja sin terminar.
Entonces la ceguera se hace imposible de congeniar, el cuerpo se apronta a recuperar el aire perdido y es el exacto momento en que el sol de esa realidad ocultada comienza a aparecer como un nacimiento como un claro amanecer. La luz se hace incontenible…

Y allí está caminando en ese rápido caminar una joven mujer que lleva papeles por terminar, una casa que construir, un mundo para morir.

FIN

julio 31, 2009

visitas

Me cubro los ojos, para no escuchar, el terremoto profundo que habita en mi (seguro ya es canción) y en cada frase, miro sus ojos almendras que deambulan en alguna historia sencillísima, de esas que sólo se dan en una cocina.

Huelo el perfumo de un mundo distinto, palpo los contornos, los perfiles y ribetes de una historia única, particular, que existe en algún resquicio de nuestra memoria, de nuestra imaginación o del cosmos entero.

Son estelas de algún recuerdo, de cualquier presente, de ningún futuro. Son fantasmas fatuos
que se incorporan desmedidos en una realidad perversa, que se cansa en decirte, NO! esto no es real.
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Sin embargo. Siempre el sin embargo termina por comprenderse, por comprender que nuestra vida está llena de caminos oscuros, andariveles misteriosos, escondites que nuestra imaginación niega, pero conciente que están allí. Y es justamente en ese allí, de una cocina amueblada, de un mate que pela, y unos ojos almendra, que me derriten el tiempo, me detienen los ciclos, me congelan los pensamientos.

Una cocina, como un comedor, como la habitación, como una plaza o un parque. No importa lo que sea, poder acercarse a esa realidad de ojos almendra, perfumes violaceos y cuerpos celestes, son la certeza de la deidad presente.

Será mucho o poco, es un corazón que late, a pesar de todo, a pesar de todos, late sintiendo, late combatiendo una realidad que no existe, que quiso vivir y no la dejamos.

julio 08, 2009

Una imágen, llena de sonidos. Un lapiz, lleno de ideas. Un pincel, cargado de olores. Y todo lo demás, roto, en los sueños perdidos una noche de bueyes perdidos y whisky añejo.

Y el arte de escribir, de sentir el sentido de las palabras. No tanto lo que dice, sino cómo lo dice, cómo indaga en esa majestuosa forma de decir. Y como un vino, sentirlo en la lengua, en los poros, cargarlo de sentido, oxigenar el contenido y tragarlo.

Las palabras que flotan, incordiosas por el sonido del mundo, están ahí, plácidas y enceguecidas.

Inventando palabras que nadie dice, que se leen en un museo absurdo, quietitas, sin quererlo. Ahogadas en un territorio hostil, lleno de buenas intenciones y sonrisas falsas.

Esas palabras que brotan, como sombras, alargando su penumbra, llena de destellos, de colores y bordados de mil imágenes.

junio 09, 2009

Ahora justificado.

Un recuerdo, una imagen imposible que deseaba, que lo descoloca, tan sólo de su vida anterior.
De pronto la noche, que no va más que un ejercicio y nada más.
Desconfía de la propia imaginación, que le juega una treta inesperada. Ahora ya no sabe dónde era de noche. Acá, dentro suyo, o allá entre ese montón, ahí fuera?
Luz. Aparece un nombre de mil vidas pasadas. En medio de lo que era una noche perfecta, casi negra; todo se desordena de forma majestuosa. Luz, un nombre imposible, una cara más posible que real. Quién lo hubiera preparado mejor. Pensando en la noche, apareciste vos, Luz. Sin mirarlo, sin tocar ni pestañar. la vió y ella leías nomás. Nunca se enteraría.
Pero vino la luz. Raro, como si estuviese planeado.

...Pero se va y de la tormenta sólo queda su perfume, y el frío allá fuera, que espera por mi.

mayo 29, 2009

sueño con otoño

También llega agosto, y así como llega se va. Transmutando sus ropas y con alguna escupidera bajo el catre, las noches se van haciendo más de la cuenta. Se cuecen lenta e imperceptiblemente, y ahora con el frío, todo pesa un poco más. Y la tormenta que pega despacito, el mundo se para en puntitas de pie y ni siquiera dios sabe, cómo es que la noche avanza y uno ni tan siquiera avisado.
Y como la tormenta pasa a ritmo desordenado, un repique de truenos y unos flashecitos de relámpagos, la noche se va cerrando, y claro, mientras más cerrada, más cerca estamos del día.
Claro, Ahora es imposible pensar, es agosto. Es agosto. Agosto y otoño tienen una suave brisa de colores ocres, una melodía singular, cómo puede ser! si ningun mes suena con su estación. 

Todo mezcladito y sin apuro, menos agosto, que se va tranquilo, con sus lluvias, sus tormentas y sus locas ideas otoñales. Esto sí. Las letras no. Que las letras caigan como lluvia, puede ser; pero que de pronto una imagen, una mirada distinta al horizonte aprezca tan-así, en el rostro de alguien a quien había olvidado, es imposible. 
Que esa mujer, que quizá nunca significó nada, ahora aparezca, con sus signos tan parecida a lo que años atrás era ella...no puede entenderse. Es otoño, que deja su mística, su melancolía impalpable, su sensación. 

mayo 21, 2009

pa vos allá, yo también soy pueta

turubu bu bu
turbu bub bubu
Me gustaría estar debajo del mar,
In an octopus' garden in the shade 

viviendo así, en la humedad de buenos aires y pavón.

He'd let us in, knows where we've been 
In his octopus' garden in the shade 

alguien va - a  a  a decir
 
que estaría muy bueno tenernos
siempre a los dos


aaaaaah


a a a aaaa
 
sería - interesante- cojer con vos.

en un gran jardín de espmeralda y girasol

Fantástico, entonces. Con eso es acaso usted feliz!? 
Pues, claro. Así de simple y con la humildad del gesto y la necesidad.
Entonces de qué rollo me habla ? De qué historia, si a penas alcanzan las paalabras para lo ultramente necesario
para que entonces ese rollo, 
si somos felices y entonces qué.
pregunteselo

Le pregunto entonces: - cuando pasa qué cosa?
Nada especialmente, solo que las emociones hoy vienen acompañados de esto que traigo
como el dolor viene con la punzada, hoy la emoción viene con cancion

me rio sólo para no darme cuenta lo maravilloso de la armonia, entre lo que escribo
lo que siento
y lo que pretendo
ser.


mayo 06, 2009

dudas desnuda

Ahora que estás desnuda, sería bueno preguntarte qué va a pasar después...Y como estás así, acostada regodeándote en el placer de sentirte inalcanzable, es tiempo de comentarte, y qué si faltara, qué si tan sólo no estuviera.
Es que ahora que tu mente desnuda descubre. Ahora que tu mente desnuda descubre la imposibilidad de existir más allá de tu propio cuerpo es tiempo que aprendas, es tiempo que sepas. Sería bueno que pensaras, pensar en la mera idea de desaparecer y puf, nunca más estar.
De no ser quien imaginás ser y desvanecerte, volverte loca encontrándote de nuevo, evaporándote en mil estrellas y nunca más regresar.

Ahora. Ahora que estoy desnudo y mi mente se refleja en ese espejo de mil caras, en mil imágenes que son mías. Ahora que desnudo frente a vos todo lo que supongo ser y desnuda de pie estás vos, justo junto a vos me preguntás, casi sin más nada que decir, a quién podría parecerme. Como si supiera respondo, que ni yo soy yo, mirándote a vos... que podrías ser quien creo ser. Si tan sólo supiera, claro. 
Entonces no te respondo y reposo en vos, en tu desnudez acalambrada. Y vuelvo a pensar, imagino la respuesta: un montón de carne podrida y huesos quejumbrosos apilada en un puto desierto de papeles y escombros inútiles. Pero sólo siento tu respiración, tu dulce calma desnuda, detrás de tu corazón que duerme. Y entonces se, con certeza, donde estoy, quien soy y a dponde voy.

Y vos, preguntás desnuda, sin saberlo, que soy todas las preguntas a todas tus respuestas y que no pienso desaparecer, aunque se abra la tierra y nos deje nuevamente solos. Voy a buscarte y no vamos a poder escapar.

No pienso moverme hasta que desnudes tu alma y sangres las verdades y descubras por fin, que debajo de ese ropaje, estoy yo, esperando contagiarte más dudas desnudas a tus certeras inseguridades.


mayo 05, 2009

De novelas y otros cuentos absurdos

Los ojos negros profundos, redondos, brillantes. La perfección de una mirada circunspecta y atolondrada que sube lentamente por el rabillo de sus almidonados vestidos, mirándose las uñas primero, deteniéndose en el descanso de sus hombros después, en un gesto de envidia para cualquiera, para ella no es más que un leve bostezo sostenido su pequeño hombro; hasta encontrarse con la mirada de aquel.
El que andaba buscando una palabra que cerrara con su cuento de habitación de hotel, buscando entre recuerdos, una rima, una simple oración que terminara el suplicio de desvelo, pateaba piedritas y papelitos...
Una milésima de segundo que conectó todas las fibras internas de ambos, en un calor silencioso, pudoroso, que no atreve a decir palabra.  Apenas un roce entre aquellas miradas, que no sacan chispas; no claro, no estamos en una novela. Apenas brillan algunas estelas celestes y no son metáfora, al menos no para ellos. Mil roces pueden sucederse en un día, en una semana, en toda una vida. Mil miradas, mil palabras y ninguna flor. 
Y en ese escondite de encuentros misteriosos, donde la profundidad de una mirada quedaría pregnando por siempre, esa, esa que siempre había imaginado, se había hecho presente esa mañana. El cuento final, la historia sencilla, el ¿amor de su vida? No. Eso sólo en las novelas.
¿De quién hablamos?  ¿De él? ¿De ella? Lo mismo da. Ese instante se limitó a aquel estallido. Un nuevo gesto, quizá un mosquito, seguramente una mosca; que no estamos en una novela y esas cosas pasan, y su mirada cambió su dirección envuelta hacia el interior de quién sabe qué pensamiento. Es que uno puede ser omnisciente y así todo nunca entender el por qué de ciertas miradas femeninas, ciertos gestos imposibles que sólo esta hembra humana puede ser capaz de producir. 
Y entonces con el mismo desconcierto que este omnisciente, el chico de treintaytantos, que andaba por ahí en busca de las eternidades más elementales, que vio en un destello aquellos ojos negros impenetrables, volvió su cabeza hacia cosas más urgentes; que también los hombres tienen urgencia y en este caso el filo de un paraguas apuntando directo a sus ojos, no iba a ser la excepción.
Sin embargo, y aquí, en ese momento donde todo parecía finalizado, donde el párrafo final se adivinaba ya casi con los ojos cerrado; las cosas que son imperceptibles, incluso para los omniscientes, se hizo testigo para todos, incluso para la señora que guardaba ahora su paraguas mortal.
La leve mirada y el calor de su cuerpo, se hicieron uno, en la sutil sonrisa. Puesta en él, claro, su receptor; que recibía sorprendido, sin entender, como todos allí; el saludo mágico de los ojos negros, de su pelo azabache y su sonrisa 10 puntos.
La volvió a buscar, sin mirarla, pensando que de pronto su mirada y la de él se encontrarían nuevamente al azar, como había sido. En un suspiro de ella, mirando el cielo, en busca de respuestas, él, por alguna imprevista reacción bajaría un poco más su mirada, quizá anotando mentalmente alguna que otra frase y allí estarían nuevamente. Pero no. Que no estamos en una novela che, que estas cosas pasan cuando pasan y que la verdad de la milanesa es que ella viajó, se fugó a parís, por un amor que no era; y él naufragó en un amor de copas vacías y nunca jamás; porque estas frases lamentablemente no sólo viven en las novelas, volvió a olvidarla ni a perdonarse ese mutismo infinito que la perdió a ella, en su sonrisa, para siempre.

abril 23, 2009

súbito encuentro

Hubiera jurado que aquella existencia no se hallaba justamente en ese precioso preciso lugar donde hacía dos segundos había recientemente mirado.
Sin embargo y a pesar de ese juramento banal, ella estaba ubicada en ese mismísimo lugar. Aparecido, como aparecen...tranquila, pacífica, dormida. Como si siempre hubiera estado allí, ni un mínimo sentido de incomodidad, cansancio o exasperación. Él, por el contrario, intimidado por el reciente descubrimiento se salía de sí, con esa violencia que sólo los muertos reconocen. Y ahora se sorprendía, movía su cuerpo en espasmos inquietantes y ella inmutable, ni siquiera lo registraba.
Es que acaso podría no haberla visto? A ver, la visto...antes. Quizá haberla visto girando su cabeza sobre ese preciso precioso lugar y no dar cuenta de su rostro, mil veces rozado, mil veces acariciado? o era un sueño, nuevamente, una trampa de su inconsciente jugándole de nuevo a las escondidas; en reminiscencias de algún tiempo despreciado, nuevamente recuperado. No! Imposible, su inquietud lo hacía darse cuenta, que tras de sí, estaba ella. Mirando la nada, recordando nada. Vaya uno a saber. No sabemos nada.

Y si todo fuera así entonces, como es que no pudiera reconocerlo. A él. Al mil veces encontrado, al recuerdo soñado, al sueño reencontrado. A él, que lloró hambre, somnolencias y cristales. Que comió plomo, paciencia y sosiego. Justo a él, que estaba-ba beando recuerdos, sangre y cuántas cosas más. Como es que ella ahora, no pudiera siquiera rendirle un saludo, una palabra, una mirada.
Mirada de miranda. porque así la llamaba. Esos ojos desencajados en el éxtasis del sexo, en las tardes inalcanzables ya, pero que se repetían hasta el infinito, hasta que el infinito los alcanzó. Recordaba esa mirada, mientras ella observaba un cartel sin importancia...rogándole que la mirara, con la paciencia que sostuvo su mano en el último recodo de sus últimos aires.. y esa mueca de disgusto, que ahora hacía reconociendo al gordo de la puerta, era el mismo gesto de disgusto cuando ella lo peleaba.
Y si todo eso fuera así, si esa necesidad de verla ahora se hacía carne, a sólo unos pasos de distancia...Cómo puede ser que no lo viera!? Desesperado por tomarla, tocarla y besarla, llorarle y repetirle mil veces el canto perdido, su voz agotada, la palabra silenciosa...que hacía tanto no escuchaba. Cómo le hacía esto.
Y sin siquiera pestañear, todo esto cuánto había sido para él. El subte seguía su marcha, la gente volaba de un asiento a otro y los colgados de siempre. Pero el no había siquiera respirado y sucedió de golpe y por supuesto, sin reaccionar, sin esperarlo; ella le sonrió. Tomó su cartera y partió.
Que las palabras no hayan podido aún sincronizar con las palabras es un letargo de su conciencia, que escribe apesadumbrado en un recoveco, ahora oscuro y húmedo para intentar comprender-se.
Había sido un segundo y no logró asimilarlo, estaba como agostado, extenuado de ese recuerdo. Se iba con ella, había desaparecido. Tan sólo una sombre inquieta paseando por un agujero bajo tierra y él que la había visto, ahora ya no es. Tampoco él, que escribe pensando, que ya no piensa ni siente, que esto es una mentira y que él no merece vivir.

abril 04, 2009

Inicio del cuento

Siempre me interesó esa primera imágen: "Era una cáscara de hombre". La frase en sí, no era solamente un esteticismo del autor, un simple acto de grandeza, como un iniciático de Borges. No. es mucho más. Quizá seguir leyendo ayude a entender la magia: es el protagonista que escribirá la novela en primera del singular, sin embargo  esa situación,  ESE momento exacto, es presente. Luego, el relato discurrirá en los avatares de nuestro (anti) heroe pero desde lo que ya ha acontecido.
Ahí está nuevamente la singularidad de la más bella frase de todos los tiempos. El autor se describe por única vez, primera, solitaria y final, en el mismo comienzo de la primerísima primer linea. Aunque quizá, ya no lo se, podría estar al final, y sería igual. 
Porque entonces sólo allí donde el hombre, su existencia y el empredrado se reconocen por fin como pares, donde Buenos Aires se vuelve nuevamente más sola que nunca, como aquel que espera, ahí la soledad encuentra al verdadero ser, a la esencia misma del homrbe, esa cáscara desgarrada.
La humanidad late con la ciudad, late con su profundidad, su singularidad y su perpetua ignorancia, de una ciudad que vive, gravita sobre nuestras vidas, sin siquiera percibirlo.

Puede ser la imagen más poderosa para el porteño, o quizá, puede serlo, de toda la humanidad. En ese sentido de la buenos aires, ciudad del mundo; el artista se vuelve justamente allí, eterno e infinito. 
Valga redundacia, me encuentro aquí, como una cáscara de hombre, venida a menos claro, con menos dotes, con menos historia, pero con la desnudez de mi vivencia incrustada en mis víceras y en el perfume de mi indolencia. 

Camino y me perfumo con los roces que me doy con la vida. Porque por momentos me siento libre, brillando... completo y vivo. Allí somos una cáscara, que no nos permite encontrarnos, todos recluídos en nuestras casas redondeadas, con sabores conocidos y gustos radicales

Reclusión y libertad, ejes que alguna vez entenderé por qué reitero.

marzo 20, 2009

Fin del cuento

Hacía falta un gesto, un trastabillar de las palabras, una mano secándose el sudor, o un camino de hormigas que pasara justo delante, para que todo terminara en mil pedazos. 
Son gestos, son figuras simbólicas que adornan los hechos que delicadamente el tiempo va poniendo en el camino. Son estelas invisibles que con dulzura dejan sinnúmero de pisadas, de caminos sin salidas, de trampas encubiertas.
Entonces, la delicadeza de su mano secándose el sudor, la mano que peina en un mismo momento  que luego  escupe un "Hasta acá llegué...". 
Pum. Fin de la historia. Caos de una muerte anunciada por mil historias pasadas. Novelas y películas lo anticiparon un hecho como aquél. Palabras de más, pensamientos inoportunos y un gil parado en la puerta de su casa invitándola a salir. A salir!
"...después de caminarme toda la ciudad, llegué, te propongo que dejemos todo, huyamos de esta mierda y vivamos nuestros sueño de estrellas regaladas, de mar de arenas y mil cuentos contados y nunca vividos". 
Lo iba a decir, estaba a punto, con el sudor en su mano, impaciente por verla, demostrarle que toda esa locura de años fugaces habían concluido. La iba a invitar a su casa, le iba a estrellar ese amor que alguna vez cultivó sin premura en una noche de verano, en costas alejadas de su origen. 
Pero ella estaba lo suficientemente predispuesta a los gestos, a los símbolos, a los contubernios con los que había soportado estoica mil avatares. Negando con una sonrisa, porque nunca, jamás, dejó de sonreír y se lo previno: "Ni una palabra más. Te vas! que seas feliz". 
Claro, se veía venir. Pero, ¿cómo él no lo vio venir? Lleno de historias, de tragedias, de años imaginando un final feliz. Pero si! los finales felices, vaya novedad, todos sabemos dónde van a parar.
Rumiando un asfalto cavernoso, retornó a su no lugar, de nuvo en su partida. Ella jamás sabría esas palabras prometidas, tantas veces repetida. El jamás imaginaría que el gesto anterior, mucho antes que él llegara, la había decidido. Una mueca imaginada, en un diálogo virtual entre ella y él. Se lo había imaginado dudando, se había sentido usada, y él "el  indeciso de siempre", el imposible, el nunca jamás. 
Por madurez o simple hartazgo, le cerró la cara, en la puerta, casi en un llanto, con la impotencia de quien no mira más, sientiendo el deseo de desaparecer. 
Ese gesto, imaginado y nunca real había cerrado la puerta de ese ese cuento, real por momento, siempre siempre soñado.

enero 22, 2009

el hombre-de-pie

-Ponete el forro, dale!- Dijo entre risas la mujer-desnuda.
Ningún cliché debajo de la seda blanca que acababa de desprendese de su cintura. La rudimentaria ternura del cuerpo desnudo, la imperfección ahora patente, de una eterna obra de arte, se reflejaba en sus ojos. Allí estaba ella, exigiéndole vaya uno a saber qué y lo único que importaba era encontrarla bajo su desnudez. Geográficamente la tenía sometida en su retina: la mujer-desnuda yacía bajo la sombra de la pequeña e insigificante luz que se animaba cruzar las persianas rotozas, en el centro exacto entre el colchón tirado y la mesita de luz -de libros apilados-, fumando un porro retorciéndose la oreja. Todo, entre esas paredes carcomidas por una humedad desconocida y un techo desprovisto de luz ni color, roto como el alma de aquél.
Gegáficamente conocía el lugar. Allí. A pocos centímetros de sus dedos, estaba ella, solicitandole de forma insitente -"pero ponete las pilas che. ¿O no me vas a cojer hoy?". En un susurro sus palabras se adentraban como una melodía sin sentido. ¿Qué decía? ¿Qué importaba? Sólo alzar las manos y su cuerpo estaría a su disposición. Allí! ¿ves?, entre los muebles insignifiantes y la ropa tirada, está ella desconocida, completamente desnuda.
La desesperación de sentir la cercanía y hacer que todo lo demás desapareciera; son las condiciones existenciales de su momento. Sin embargo, el hombre-de-pie no puede hablar, mudo luego de la última oración de la mujer-desnuda, el hombre-de-pie queda petrificado esperando un momento de lucidez para entender(se) en los algoritmos de su pasión desmesurada y su innegable exitación.
Desaparecer ahora. Claro, ¿no ves? Es sencillisimo. Fundirnos en algo parecido al sexo, olvidarnos de la mierda que está allá, allá, como un algo exterior, por fuera de nuestras existencias, el mismisimo catre podrido en el que nos acostamos.
Momento y tiempos. Ahora! la mujer-desnuda se da vuelta y lo observa desde el espejo de círculo ovalado. Él, que no termina de decidir si mirar sus ojos a través del resplandor o mirar su faz real, aquella que surge de su espalda. Surcado por pequeñas islas, sus inconfundibles lunares, se aloja la espalda más hermosa e inconmensurable de la tierra. El lo sabe, lo comprende, lo esgrime como la única condición por la que se encuentra en este momento y así todo, no puede articular palabra.
Su espalda infinita, sus lunares insondables acompañandola por senderos desconocidos, para siempre secretos acallados, se vuelven ahora la oportunidad para comprender. Escondido y temeroso en la desnudez de aquella, el hombre-de-pie se siente pequeño y sin aliento.
Desnuda al fin, sin nada por ocultar, la mujer-desnuda se vuelve para él un río tempestuoso, inabordable. Así de vulnerable despojada de todo, así se sentía él, mirandola a ella, ahora, esta vez, a los ojos del resplandor ovalado.
-Ves?, cómo te cagás pichón. Tanta manija pá que ni el forro puedas agarrar. ves!- Ella en su mundo, mirándose las uñas de los pies, alienta una amenaza entredientes.
Claro que el hombre-de-pie ve. Observa impasible la linea delgada inexistente de aquellos cuerpos que a-penas se tocan. Pero la pena es la imposibilidad de ese encuentro posible. Ese cuarto imaginado, indigno de sólo pensar, de paredes resquebrajadas, de muebles inútiles, de techos húmedos y esa mujer infinitamente cercana y esternamente desconocida resultan imposible de tanta posibilidad. A ese contacto iniminente, imposible creer la existencia de ese cuerpo inerme, su espalda y sus islas de lunares.
De pronto el hombre-de-pie volve en sí, a esa imposible realidad. Siente el calor en sus manos, aprisionadas por las de ella que lo apretaba con fuerza. ¿Cuánto había pasado? Una hora, unos minutos?
Ahora de frente a él, la mirada almidonada, almendrada de sus ojos color de tierra, cálidos, calientes lo miraban furtivamente. -Nene, te quiero. Qué necesitás? Estoy acá, vivo.
Claro. Estaba vivo. Su corazón bombeaba, su sangre fluía, sus venas se dilataban. Sus manos sudaban, su pene se erguía. Vida y nada más! Tambaleante se sostuvo en sus rodillas, sintió el clamor de la vida en su piel, en su sexo, en su existencia imposible. Vivo.
Se aterró. Pensó en la muerte, en no poder nunca más revivir, repetir o incluso imaginar la repetición de ese momento con la mujer-desnuda. No le respondió. Tomó una camisa, el pantalón raído y con la desesperación del condenado a muerte, buscó el picaporte a tientas, abrió la hendija, y desapareció.

enero 20, 2009

similitudes

En la intemperie, bajo 10 grados bajo cero, en Estados Unidos, 5 millones de personas esperan el juramento de Obama.

En la Argentina son 10 millones de personas que viven en la intemperie, debajo de la linea de pobreza.

enero 14, 2009

Sombras

El halo de de sombra que parecía sostener su charla, se hizo patente. Vino camuflada, zigzagueante con la penumbra de la noche, confundiéndose en el contorno. Luego su sombra se volvió rostro, entre sus ojos, sus párpados y nariz. De a poco, imperceptiblemente, iba bajando, tomando ahora sus ojos color cielo, cegando ya completamente todo rastro de luz. Allí comprendí la luz que tenemos, cómo logramos percibir toda la luminosidad de la humanidad. Aquí, todo se volvía noche, incluso él, su cuerpo entero, entraba por su garganta, carraspeando palabras incomprensibles. Sus mejillas enrojecidas hace poco por un apurado vino que emborrachaba a la tristeza, ahora se volvían parte de ese frío y oscuro devenir.
Y de pronto frente a mi la nostalgia encendida en un cuerpo de hombre. La tristeza contenida en un oscuro amigo desconocido. Lo adivinaba por ese resplandor en sus ojos, esa tristeza hechas lluvia, en un rostro infinito por el que rodaba una lágrima sin brillo. Angustias pequeñitas que ya sin fuerzas caían apaciguadamente junto a otras que sin fuerza, se contuvieron al filo de la mirada.
Mientras tanto, cayéndose de algún balcón de buenos aires, alguien escucha la melodiosa desarmonía de un corazón que se rompe, de una historia que no sigue, de un amor que ya no vuelve. 

diciembre 22, 2008

Crónica de lo profundo

Ella baila sola, iluminada por flashes en el vagón del subte be. Es tan hermosa verla singular (qué virtud la 3era persona del ídem) en sus pies descalzos intentando mantenerse en esa postura puntitas de pie. Se apoya en esa música, traqueteo infernal, chirrido agobiante, corbatas golpeando portfolios y escotes rozando tetas industriales. Todo en plena armonía, baila una hermosa melodía en un vagón del subte be. 

Una danza de escalofríos, de sudores cálidos, de brazos extensos y pequeños labios que cantan en ese silencioso ritual. 

Un túnel, ahora. Hondo se oscurece, pero su imagen adivina en su ciega pasión, bailando, festejando la negra noche del tren. El pasadizo que la acoje, la acompaña, porque nadie ve. Y se siente plena, y su danza es frenética y genial. 

Y como en una sinfonía total, la oscuridad, el suicidio, la muerte final y de pronto... la resurrección: Otra estacióny de nuevo luz. 

Un alto y el silencio. Una tensa calma en la luz nueva de esta incógnita y somera estación. Luces y voces. Ella calma. Clama descalza volver a despertar. El bullicio que se extiende en sordos rumores, para volver a comenzar y ella, ay! de ella que prosigue encantadora-encantada, encantando a quien quiera ver.Serpientes ciegas, viajan con ella, sin tocarla mientras toca esa sinfonía invisible.  Y puebla de imágenes, estalla en mil fantasías, sus pies descalzos, su sonrisa tenue, su soledad y su cuerpo que se apoya, se extiende, se nivela, se desplaza como un sigilio, como un secreto. 

Y en ese paso disperso se va. Se esfuma, sin nadie más. A tientas, ciega a los ojos del resto. ¿Es un fantasma, una pequeña existencia o una idea fugaz de un sueño de cartón, bajo tierra y sin respiración. No lo sabrán, claro. Seguirá viajando por los trenes, descalza y sin razón.

diciembre 17, 2008

noviembre 25, 2008

Instantánea

Todo se vuelve un click, un blanco y negro. Sepia. Cartón. Película invisible
Las calles, sus vidas, sus grietas, sus melancólicas estelas de dolor, gritan y aullan, sin mirar. Una foto.
Un perro y su basura en plena city y pasando casi invisible, como todo, el señor de corbata. cliiick.
Dos turistas holandesas impactadas, un niño albanés, tocando su decrépito acordeón y a su lado, la hambrienta hermana desdentada. ccccliccck.
Papelitos con ofertas, lsd´s en una esquina y un ciruja escupiendo algún insulto arrabalero, la soledad de la calle. Clikkk.

Película del momento, imágenes de una lucidez. La eterna mirada hacia la verdad revelada, digitada.  La foto, en la cabeza, un disparo de luz, una apertura del diafragma-corazón y un estampa de la vida. Una receta, un momento sublime, un especie de zozobra al mundo que nos rodea.
Y se vuelve foto, sin relieve, sin textura, la más llana escenografía del infierno-paisaje. 
Clicks cotidianos, clisés. Callan y así estallan siempre, brutos pedazos de bosta en la cara alargada de tu señora mayor. Tomá! Click.
Otros no importa! la viven, y qué más da. Sin película, sin rollos, sin sentido de existencia, caminan coloridos, en sus colores mantequita. 
Ellos la ven pasar, ellos sigue sonriendo, click


noviembre 12, 2008

Encuentro

Siento todavía el perfume de ayer, el de años que perdura toda la vida. Impregnado todavía en mi piel, en mis ropas y en mis noches, sigue ahí perenne, porque hoy tengo la certeza, nunca se fue. 

La brisa de la noche me trae el recuerdo de todo lo vivido. Es una estela para ver más allá. Los años que fueron son también los que vendrán. 

Y en un suspiro toda tu ternura, tu mirada inalcanzable y tus labios de espuma.  Tu piel y la mía disfrutan indiferentes al mundo tantos besos contenidos, tanto tiempo imposible, tanto tanto. El rumor de tu camisa, de desprende sin mediar, para sentirte por fin.  Tu transpiración se entrelaza con nuestras almas gimientes. Ahora el perfume del sexo lo inunda todo. 

Una noche, como esa noche, todas las noches y ninguna. Son imposibles que se vuelven sueños. Sueños vueltos estrellas, iluminando el infinito. Tiempos paralelos, mundos lejanos. Se suspenden por ese instante, que es eterno, todos los miedos, las inseguridades, toda la desconfianza y la soledad. 

Y si me entendieras! cuán difícil es todo.

Otro suspiro. 

Sin sentido y sin razón. Tiene un punto y un volver a empezar. De nuevo mil miedos nuevos, mil cuentos por decir, mentiras que sostener y un mundo real que vivir. Todo cae en ese instante y son dos, solamente almas unidas por lo inverosimil e inexplicable.

Entonces te despido en otro suspiro que se desvanece, otro sueño imposible, otra noche hecha para los dos, que desaparece con nosotros. Una vez más, un hombre y una mujer, encontrándose para dejar de existir, otra vez; hasta volverse a encontrar y volver a morir.

noviembre 06, 2008

Aprendo

La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato.

Rayuela. Cortazar.

noviembre 03, 2008

se(r) constituye(nte)

Venía masticando ilusiones, rumiando la voluntad cansada y obsoleta. 
Estaba esperando sin más, que el tiempo pase, que la imagen me deslumbre o que el mundo por fin estalle, 
Sintiendo entonces la musiquita en mi cabeza, empezaba a caminar el empedrado de ese barrio, bah. Callecitas de un misterio llamado lugar.
Tierra herida, de tanta sequía y los sueños deshilachados de tanta agua bajo el puente. Tanta sabia semilla, de tanto brote por desborde. De tanta violencia sin palpar. 
Entonces preguntaba, que qué tanto cielo haría falta, para tanto corazón deshecho. Qué podía salir y disparar y que si no pasaba tampoco iba a cambiar.
Preguntaba caminando y en el andar la duda se iba desperdigando, allá  entre mis zapatos sucios, mis tobillos dolidos y una lluvia que no espera arrancar. 
Ahí mismo  la montaña. Ahí o allá. Dónde está?, En definitiva no parece tan grande. El horizonte chiquitito ociquea las nubes desinfladas. El cielo eterno, tan eterno como el sol, sí! claro, calentamiento global.
 
De ser así, porque no hervirnos en una olla, entre zapallos y bananas. Que ya todo se acaba, no cuesta nada arrancar. Que si no es ahora, cuando! Que sino es ACA, donde más!?

Dejame soñar un poco, dejame quedarme aca

octubre 22, 2008

De pronto, escritor visceral, escritos fugaces, urgentes, fogosos, deliciosos. La búsqueda del papel, cualquiera. De celofán, servilleta, higiénico o carbónico, lo mismo da. Da lo mismo, escribir en la mano, en la pared, en la tela o el sillón. Apenas da. Porque todo vos, expele, regurgita, trasunta lo que buscás. Te carcome, te subyuga y ante eso, la nada.
Y nada alcanza. El terror que tu papel se acabe, que la tinta perezca, que el tiempo culmine. Y a pesar de todo, siempre sin decir nada, sin escribir nada.
Hasta  que algo cobra sentido por primera vez. Ocurre lo mágico inimaginable (no maginable). Algo, alguien, qué! de pronto cobra sentido.
De pronto tu sillón sin esperarlo desaparec

septiembre 02, 2008

(...)

(...)y de pronto, a eso de las seis y media, en medio de una vorágine argumentativa, no resultaría tan malo una "revolcada industrial".

es que a esta hora y con este cansancio, todos los gatos son pardos.

(.)

agosto 26, 2008

Silencio II

No hay banda. claro! porque somos todos mímica, recuerdos, memorias de algún otro soñandonos. Como cuentos borgeanos vivimos, sin decirnos las vidas vividas, caminamos como otros, siendo otros, sintiendo como un extraño. Sentimientos que se nos imponen, que no nacen, que se evaporan al instante.

Hay silencio, y después, la perplejidad, el saber, el conocer exactamente que luego que la banda cese su voluntad, el silencio se volverá perpetuo. Y en vida, el silencio es una calamidad, un paria, nuestra propia sombra que nos deja solos frente a la verdad. El silencio y el grito se fusionan siempre, como si el más mudo pudiera ensordecer al mundo. Porque no hay peor miedo que el que no quiere decirse.

Nos lo dicen, nos lo advierten, No hay banda! y así, pensamos e imaginamos mil imágenes y sonidos, texturas y voces. Porque somos seres llenos de puntos y fugas. Pero la advertencia pronto se hace realidad y caemos, con ella, en la tristeza, en el agobio. En la idea cabal, de que todo esto no existe, un juego, un cuento, un momento más en la inexistente vida de un hombre.

Es la certeza que no somos más que con el otro, que da sentido a la escucha, a la música, a lo que hacemos, a lo que vivimos permanentemente con y para el otro. Y así la vida vive en ese cuento borgeano, que bifurca caminos, que enloquece en sueños y en realidad, en vidas compartidas y muertes profundas y finales.

Siempre somos, seres brillantes y silenciosos en noches confusas.

agosto 22, 2008

Viernes 5.38

Asesinos sueltos a la salida de la oficina, un contestador con amenazas, una pesadilla recurrente, y un sin fin de no me acuerdos que estallan en mi vida como recuerdos continuados.

Y sigo siempre sigo, en presente y sin condicionales, caminando en la verja, en la linea delgada, en el punto antes de la coma y así, un etc.(étera). Un texto que se anida en otro, como las capas de la cebolla, pero sin lágrimas, así como un todo enmarañado con un gusto fuerte en la boca.
Y después la caída y vuelta a levantarse. Cuestión de andar, y ojo! no dejarse llevar.
Todo en un día complicado, en un viernes sin fin, en una mañana apática, de sol que no calienta y de frío interior.
Es algo asi como una lucha, que no deja de contarse, en palabras y caminatas, en memorias y sueños. Que no va a ningún lado! pero qué va! si apenas puedo callar.

Baños sucios, canciones desgastadas, paredes húmedos y futuros mojados. Qué esperar sino la espera, que acontece, sin detenerse.

Espero entonces, al asesino en mi puerta, a la llamada amenazante y al sueño. Sueño que espero sea sueño y no tragedia, como suele pasar. Y si no pasa, pasará. Eso es definitivo y no hay punto que contenga semejante afirmación.

agosto 15, 2008

Salváme.

Un pedido desesperado, silenciosamente ensordecedor, profundamente delicioso. Un ruego cálido, tornandose poco a poco cada vez más espinoso. Un grito, y una oración. Una sensación, miles en una palabra. El deseo encubierto de la desolación, de la soledad embargada para siempre.

Si lograras aparecer y salvarme, tan simple que la vida cobraría algún sentido. Como si fuera tan difícil, te convertirías tan pronto que no sabría diferenciarte de un hermoso superhéroe.
En un canto, en una estrofa, de rodillas o sentado a tus pies. Lograrían comprender que la salvación es tan otra cosa. Otro color. Mil armonías encendidas.

Un recogimiento del corazón. Mil voces en una, un tramo de mi cuerpo, un pedazo de mi ser. No! no quiero resignarme. No quiero sentir que pierdo esa posibilidad, ese único milgraro de salvarme.

Y no te avivás! si maldecís lo que querés y ni siquiera te podés mantener de pie. Sin sentido, el dolor estará ahí permanentemente, hasta que decidas salvarme.

Y sin saberlo, también estoy yo, desesperado por salir. Por desahogar esta triste desolación. De sentirme así de chiquito, infinitamente inútil. Pero en ese ruego sordo, me canto al alma, que no para, que no se detiene al sentir, que debe salvarme. Y no darme por vencido.

agosto 11, 2008

optimo

¿Y si de pronto en este instante dejara de existir? ¿ Si de pronto todo se oscureciera? Qué sucedería si pensáramos que este, este preciso instante es el último, el definitivo?

Así cada segundo aparece como una tragedia: en cada respiro sentiríamos que dejamos este mundo... y a sabiendas de ello, tendríamos alguna especie de deber en dejar registrado ese último momento? ¿Como sería, qué diríamos? Apenas podría ser conciente.

De pronto nada de eso tiene sentido. Qué importaría en tal caso que dejamos, si meramente nos ausentamos por siempre.

Este pensamiento trágico y fulminante pasa en el momento en que un policía saca su revolver al aire, instigando a unos pendejos que debieran irse de no se qué local de modas. Si de pronto ese revolver desalojara su bala y cayera en mi cabeza, ahora que lo estoy viendo, o a cualquiera de esos tres pibitos ahí. Lo mismo da.

Para cualquiera, la vida es un instante, un segundo del sinsentido de permanecer con vida. Porque lo más lógico, lo más esperable es que todos caigamos muertos por una u otra razón. De hecho sucede permanentemente y no somos capaces de alterar esa ley perpetua de estar con vida.

julio 02, 2008

invierno

De pronto la nostalgia. Así, de sopetón y sin aviso. Sin angustias, sin extrañamiento, simplemente está, se presenta.
Quizá tuve un destello al sentir los pies desnudos, cálidos, en esta noche gélida. Pudo haber sido muy bien el ruidito del fluir del avión allá lejos y a la distancia. O el click espacioso del televisor apagándose. Pude haberlo intuído, no lo sé. Algo que se moviía por dentro, despacito, sin decir palabra, sin siquiera meditarlo, allí estaba inmerso en la nostalgia.

El silencio lo ocupó todo. el viento tras las rendijas de mi ventana, mi cuerpo movilizado por mil ráfagas de un huracán que comenzaba en la garganta y se anudaba con moñito y todo, en el centro de mi estómago. El tiempo que comienza a tener otra dimensión, todo comienza a morigerarse, ahora! justo ahora que quiero que se vaya volando, que necesito que se pase como un formula 1... no respeta velocidades, es lenta, silenciosa y muy cortante, la nostalgia se queda pa´quedarse. Es densa, lo cubre todo, por la ventana, ahí están los árboles pelados que adivino en esta negrura, divinos y de mil colores muertos de pronto en la noche. El invierno, la soledad y el gamulán por dentro.
Ahí está la nostalgia, en la ventana, en la quietud de este mudo acontecer. Todo allá fuera es caótico y ensordecedor, eso me vuelve como un bumerang y ese griterío, esa incomprensión se vuelven sobre la ventana, para acallarlos, para tomarlos todos en el vacío más angustiante. Grito. Es que ya nadie escucha. Estoy solo. Y sin embargo grito.
Aquí hay solo silencio. escucho mi respiración, mi mano contra el borde de la hoja. De nuevo el gemido de las hojas en esa ventana.
Un suspiro contenido, habrá que comprarle burletes al corazón, que tirita de frío, y con razón. Brota la nostalgia y contagia. Esta hoja, esta tinta suelta, la mirada, las paredes, que escupen nostalgia y desolación! como se les pega, si hasta las flores se marchitan en el balcón.

junio 27, 2008

Seres atómicos

Obstáculos y nada más. En ese hemos convertido la vida en la ciudad. Meros obstáculos en cada forma social que encontramos. Los paraguas cuando llueve, las gotas de los aire acondicionado en verano, las baldosas rotas, los carriles cortados, los semáforos, los autos.
Todo pasa a ser parte de una carrera por sortearlos. La ciudad no es más que la conspiración contra su propia existencia y eso se expresa luego en la relación con los demás. Se va creando la atmósfera propicia para esa relación.
Así refunfuñamos por los artesanos y sus lienzos, las marchas, las protestas, el calor, la humedad, el humo, el ruido. Todas son formas válidas de resistencia contra uno, todo merece morir antes que dejar que mi tiempo se retrace.
Nos vamos transformando en atómicos, en seres celulares que estallan en reacciones en cadena cuando se tocan con el otro. Estallan, explotan. No debe haber contacto: el tren, el subte, el colectivo, cualquier asiento en el cine se vuelve espacio de disputa y de peligro... no vaya a ser cosa que quedemos pegados con el otro.
Cruzamos una calle y vemos de pronto, frente a nuestros ojos, a esa manada de hombres y dispuestos en posición de guerra para atravesar el surco del asfalto aunque cueste la vida y allí los atropellos, los codazos ,los empujones.
Salgo al barrio y siento ajenidad, todo resulta ajeno en un mundo inanimado.
Nos volvemos objetos, no vemos más que invididualidades y vaya cosa seria! que esto ya se pensaba desde la caída del muro y el comunismo... que el contacto humano era cosa de socialistas! y sí, parece que revolucionario es el amor, el sentido de humanidad, el profundo deseo de resistencia contra la insensibilidad y el no involucramiento. El amor, es así. Desprendámonos de su versión naive, de su sentido más banal. Creer en el otro, contagiarnos su risa, vivir su pesar; todo pasa a ser revolucionario en un mundo que oscurece los sentimientos, que oscurece cualquier atisbo de humanidad.
Nadie ve nada, estamos ciego y en esta ceguera todos somos culpables

junio 24, 2008

Sin metáfora

Hace como dos años hago el mismo recorrido desde mi casa al trabajo. Casa-Colectivo-Subte-Trabajo.
Es sencillo y muy práctico a pesar de la gente, el calor, el agotamiento de los trasbordos; pero es rápido y eficaz.
Hace dos años, ese mismo trayecto realiza en mi cabeza una serie de observaciones mentales. Hacia el final del recorrido, básicamente desde las estaciones finales y las cuadras caminadas que llevan al trabajo, como por arte de magia, por musas inesperadas, en mi cabeza comienzan a tener formas e ideas de los más bizarras, fotos, acontecimientos pasados (quizá nunca realizados), datos, fantasía.
Se acumulan sin parar colores y mezclas sin contornos que de a poco a medido que voy perfilando el camino hacia mi labor se van aclarando, perdiendo muchas, otras se van refinando, hasta dejarme sonriendo solo en la calle Florida, entre el gentío que vuela a sus destinos.
En general desde hace dos años vengo usando esos momentos de sencillez, de segundos mágicos para importarlos a estas lineas virtuales. Son mi insumo más importante. Casi sin evaluar si amerita, es casi una exorcización de aquel instante revelador, divino (si me pusiera místico), que urge sea materializado, aunque claro, en internet.

Sin embargo, no hace poco vengo sintiendo una sensación mucho más extraña, pero a la vez de lo más atendible y razonable. Cuando estas ideas están patentes en mi cabeza, cuando han logrado configurarse en torno a una introducción, un nudo y un final, es justo casi siempre el momento de ingresar al edificio en el cual trabajo. En ese instante aquello que estaba fijo, atrtavezado en mi conciencia y casi grabado en mi retina, comienza a languidecer. Como un foquito de luz, empieza a perder su brillo, se opaca y pierden la intensidad de su origen impredescible.
Mantengo la convicción (a medido que atravieso el palier y a los empleados de seguridad) que a penas llegue a mi escritorio intentaré garabetear alguna que otra línea que me permita reencontrarme con esa idea-uz que había sido tan patente minutos atrás. Sin embargo a medida que subo el ascensor, ya más oscura que antes, el pensamiento se vuelve irracional, impúdico, desalentador, inútil, sin sentido.
Dado el recuerdo de las cuadras caminadas, pretendo reconcentrarme en los minutos que me quedan, sosteniendo que como un sueño, al levantarse los hiatos que cubren nuestra imaginación son de por sí irracionales, pero no por eso dejan de tener un sentido estético y es por eso que me aferro con fuerza a plasmarlo en un papel.
Al cabo de esos instantes y en el momento que cruzo con desidia la puerta de la oficina hacia mi escritorio, la idea simplemente desapareció. Se esfumó. Me quedo sentado frente a la computadora, pensando, recordando, delineando algunos dibujos mentales de aquellos instantes de inspiración fugaz. Los momentos que siempre había intentado plasmar ahora se hacían inencontrables.
No eran simples ideas, era la idea luz que por más simple, por más trivial tenía el poder de haber hecho olvidarme de todo, en esos minutos en Florida. Me había hecho sonreír frente a una multitud desvariada y enfermiza.Era lo suficientemente poderosa como para poder transcribirla luego. Y así todo, el contacto con ella se esfumó como un mal presagio, que pronto dejó de existir.
Me dirán que es tiempo de abandonar este trabajo; un recurso menos radical sería utilizar un grabador. Yo voy sintiendo que es un mecanismo de defensa. Supongo que todas son respuestas válidas. Por otra parte, voy pensando que mis ilusiones y esperanzas se van acaparando en ese instante preciso de luz que brilla por encima del día, de las tareas y obligaciones y me deja flotar por encima de todo eso por escasos momentos. Quizá es mi mente la que me obliga a retenerlos, a no publicarlos, a hacerlos mios, asirlos entre mis dedos, que se esconden para mi protección.
Aún no lo sé, quizá este sea un intento de respuesta frente a la hoja en blanco, frente al silencio que viene transitando mis musas, pero sin duda siguen ahí, candorosas, jugando a las escondidas para mis minutos de placer diario, pero que huyen prontas cuando trato de describirlas.

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