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mayo 29, 2009

sueño con otoño

También llega agosto, y así como llega se va. Transmutando sus ropas y con alguna escupidera bajo el catre, las noches se van haciendo más de la cuenta. Se cuecen lenta e imperceptiblemente, y ahora con el frío, todo pesa un poco más. Y la tormenta que pega despacito, el mundo se para en puntitas de pie y ni siquiera dios sabe, cómo es que la noche avanza y uno ni tan siquiera avisado.
Y como la tormenta pasa a ritmo desordenado, un repique de truenos y unos flashecitos de relámpagos, la noche se va cerrando, y claro, mientras más cerrada, más cerca estamos del día.
Claro, Ahora es imposible pensar, es agosto. Es agosto. Agosto y otoño tienen una suave brisa de colores ocres, una melodía singular, cómo puede ser! si ningun mes suena con su estación. 

Todo mezcladito y sin apuro, menos agosto, que se va tranquilo, con sus lluvias, sus tormentas y sus locas ideas otoñales. Esto sí. Las letras no. Que las letras caigan como lluvia, puede ser; pero que de pronto una imagen, una mirada distinta al horizonte aprezca tan-así, en el rostro de alguien a quien había olvidado, es imposible. 
Que esa mujer, que quizá nunca significó nada, ahora aparezca, con sus signos tan parecida a lo que años atrás era ella...no puede entenderse. Es otoño, que deja su mística, su melancolía impalpable, su sensación. 

mayo 21, 2009

pa vos allá, yo también soy pueta

turubu bu bu
turbu bub bubu
Me gustaría estar debajo del mar,
In an octopus' garden in the shade 

viviendo así, en la humedad de buenos aires y pavón.

He'd let us in, knows where we've been 
In his octopus' garden in the shade 

alguien va - a  a  a decir
 
que estaría muy bueno tenernos
siempre a los dos


aaaaaah


a a a aaaa
 
sería - interesante- cojer con vos.

en un gran jardín de espmeralda y girasol

Fantástico, entonces. Con eso es acaso usted feliz!? 
Pues, claro. Así de simple y con la humildad del gesto y la necesidad.
Entonces de qué rollo me habla ? De qué historia, si a penas alcanzan las paalabras para lo ultramente necesario
para que entonces ese rollo, 
si somos felices y entonces qué.
pregunteselo

Le pregunto entonces: - cuando pasa qué cosa?
Nada especialmente, solo que las emociones hoy vienen acompañados de esto que traigo
como el dolor viene con la punzada, hoy la emoción viene con cancion

me rio sólo para no darme cuenta lo maravilloso de la armonia, entre lo que escribo
lo que siento
y lo que pretendo
ser.


mayo 06, 2009

dudas desnuda

Ahora que estás desnuda, sería bueno preguntarte qué va a pasar después...Y como estás así, acostada regodeándote en el placer de sentirte inalcanzable, es tiempo de comentarte, y qué si faltara, qué si tan sólo no estuviera.
Es que ahora que tu mente desnuda descubre. Ahora que tu mente desnuda descubre la imposibilidad de existir más allá de tu propio cuerpo es tiempo que aprendas, es tiempo que sepas. Sería bueno que pensaras, pensar en la mera idea de desaparecer y puf, nunca más estar.
De no ser quien imaginás ser y desvanecerte, volverte loca encontrándote de nuevo, evaporándote en mil estrellas y nunca más regresar.

Ahora. Ahora que estoy desnudo y mi mente se refleja en ese espejo de mil caras, en mil imágenes que son mías. Ahora que desnudo frente a vos todo lo que supongo ser y desnuda de pie estás vos, justo junto a vos me preguntás, casi sin más nada que decir, a quién podría parecerme. Como si supiera respondo, que ni yo soy yo, mirándote a vos... que podrías ser quien creo ser. Si tan sólo supiera, claro. 
Entonces no te respondo y reposo en vos, en tu desnudez acalambrada. Y vuelvo a pensar, imagino la respuesta: un montón de carne podrida y huesos quejumbrosos apilada en un puto desierto de papeles y escombros inútiles. Pero sólo siento tu respiración, tu dulce calma desnuda, detrás de tu corazón que duerme. Y entonces se, con certeza, donde estoy, quien soy y a dponde voy.

Y vos, preguntás desnuda, sin saberlo, que soy todas las preguntas a todas tus respuestas y que no pienso desaparecer, aunque se abra la tierra y nos deje nuevamente solos. Voy a buscarte y no vamos a poder escapar.

No pienso moverme hasta que desnudes tu alma y sangres las verdades y descubras por fin, que debajo de ese ropaje, estoy yo, esperando contagiarte más dudas desnudas a tus certeras inseguridades.


mayo 05, 2009

De novelas y otros cuentos absurdos

Los ojos negros profundos, redondos, brillantes. La perfección de una mirada circunspecta y atolondrada que sube lentamente por el rabillo de sus almidonados vestidos, mirándose las uñas primero, deteniéndose en el descanso de sus hombros después, en un gesto de envidia para cualquiera, para ella no es más que un leve bostezo sostenido su pequeño hombro; hasta encontrarse con la mirada de aquel.
El que andaba buscando una palabra que cerrara con su cuento de habitación de hotel, buscando entre recuerdos, una rima, una simple oración que terminara el suplicio de desvelo, pateaba piedritas y papelitos...
Una milésima de segundo que conectó todas las fibras internas de ambos, en un calor silencioso, pudoroso, que no atreve a decir palabra.  Apenas un roce entre aquellas miradas, que no sacan chispas; no claro, no estamos en una novela. Apenas brillan algunas estelas celestes y no son metáfora, al menos no para ellos. Mil roces pueden sucederse en un día, en una semana, en toda una vida. Mil miradas, mil palabras y ninguna flor. 
Y en ese escondite de encuentros misteriosos, donde la profundidad de una mirada quedaría pregnando por siempre, esa, esa que siempre había imaginado, se había hecho presente esa mañana. El cuento final, la historia sencilla, el ¿amor de su vida? No. Eso sólo en las novelas.
¿De quién hablamos?  ¿De él? ¿De ella? Lo mismo da. Ese instante se limitó a aquel estallido. Un nuevo gesto, quizá un mosquito, seguramente una mosca; que no estamos en una novela y esas cosas pasan, y su mirada cambió su dirección envuelta hacia el interior de quién sabe qué pensamiento. Es que uno puede ser omnisciente y así todo nunca entender el por qué de ciertas miradas femeninas, ciertos gestos imposibles que sólo esta hembra humana puede ser capaz de producir. 
Y entonces con el mismo desconcierto que este omnisciente, el chico de treintaytantos, que andaba por ahí en busca de las eternidades más elementales, que vio en un destello aquellos ojos negros impenetrables, volvió su cabeza hacia cosas más urgentes; que también los hombres tienen urgencia y en este caso el filo de un paraguas apuntando directo a sus ojos, no iba a ser la excepción.
Sin embargo, y aquí, en ese momento donde todo parecía finalizado, donde el párrafo final se adivinaba ya casi con los ojos cerrado; las cosas que son imperceptibles, incluso para los omniscientes, se hizo testigo para todos, incluso para la señora que guardaba ahora su paraguas mortal.
La leve mirada y el calor de su cuerpo, se hicieron uno, en la sutil sonrisa. Puesta en él, claro, su receptor; que recibía sorprendido, sin entender, como todos allí; el saludo mágico de los ojos negros, de su pelo azabache y su sonrisa 10 puntos.
La volvió a buscar, sin mirarla, pensando que de pronto su mirada y la de él se encontrarían nuevamente al azar, como había sido. En un suspiro de ella, mirando el cielo, en busca de respuestas, él, por alguna imprevista reacción bajaría un poco más su mirada, quizá anotando mentalmente alguna que otra frase y allí estarían nuevamente. Pero no. Que no estamos en una novela che, que estas cosas pasan cuando pasan y que la verdad de la milanesa es que ella viajó, se fugó a parís, por un amor que no era; y él naufragó en un amor de copas vacías y nunca jamás; porque estas frases lamentablemente no sólo viven en las novelas, volvió a olvidarla ni a perdonarse ese mutismo infinito que la perdió a ella, en su sonrisa, para siempre.

abril 23, 2009

súbito encuentro

Hubiera jurado que aquella existencia no se hallaba justamente en ese precioso preciso lugar donde hacía dos segundos había recientemente mirado.
Sin embargo y a pesar de ese juramento banal, ella estaba ubicada en ese mismísimo lugar. Aparecido, como aparecen...tranquila, pacífica, dormida. Como si siempre hubiera estado allí, ni un mínimo sentido de incomodidad, cansancio o exasperación. Él, por el contrario, intimidado por el reciente descubrimiento se salía de sí, con esa violencia que sólo los muertos reconocen. Y ahora se sorprendía, movía su cuerpo en espasmos inquietantes y ella inmutable, ni siquiera lo registraba.
Es que acaso podría no haberla visto? A ver, la visto...antes. Quizá haberla visto girando su cabeza sobre ese preciso precioso lugar y no dar cuenta de su rostro, mil veces rozado, mil veces acariciado? o era un sueño, nuevamente, una trampa de su inconsciente jugándole de nuevo a las escondidas; en reminiscencias de algún tiempo despreciado, nuevamente recuperado. No! Imposible, su inquietud lo hacía darse cuenta, que tras de sí, estaba ella. Mirando la nada, recordando nada. Vaya uno a saber. No sabemos nada.

Y si todo fuera así entonces, como es que no pudiera reconocerlo. A él. Al mil veces encontrado, al recuerdo soñado, al sueño reencontrado. A él, que lloró hambre, somnolencias y cristales. Que comió plomo, paciencia y sosiego. Justo a él, que estaba-ba beando recuerdos, sangre y cuántas cosas más. Como es que ella ahora, no pudiera siquiera rendirle un saludo, una palabra, una mirada.
Mirada de miranda. porque así la llamaba. Esos ojos desencajados en el éxtasis del sexo, en las tardes inalcanzables ya, pero que se repetían hasta el infinito, hasta que el infinito los alcanzó. Recordaba esa mirada, mientras ella observaba un cartel sin importancia...rogándole que la mirara, con la paciencia que sostuvo su mano en el último recodo de sus últimos aires.. y esa mueca de disgusto, que ahora hacía reconociendo al gordo de la puerta, era el mismo gesto de disgusto cuando ella lo peleaba.
Y si todo eso fuera así, si esa necesidad de verla ahora se hacía carne, a sólo unos pasos de distancia...Cómo puede ser que no lo viera!? Desesperado por tomarla, tocarla y besarla, llorarle y repetirle mil veces el canto perdido, su voz agotada, la palabra silenciosa...que hacía tanto no escuchaba. Cómo le hacía esto.
Y sin siquiera pestañear, todo esto cuánto había sido para él. El subte seguía su marcha, la gente volaba de un asiento a otro y los colgados de siempre. Pero el no había siquiera respirado y sucedió de golpe y por supuesto, sin reaccionar, sin esperarlo; ella le sonrió. Tomó su cartera y partió.
Que las palabras no hayan podido aún sincronizar con las palabras es un letargo de su conciencia, que escribe apesadumbrado en un recoveco, ahora oscuro y húmedo para intentar comprender-se.
Había sido un segundo y no logró asimilarlo, estaba como agostado, extenuado de ese recuerdo. Se iba con ella, había desaparecido. Tan sólo una sombre inquieta paseando por un agujero bajo tierra y él que la había visto, ahora ya no es. Tampoco él, que escribe pensando, que ya no piensa ni siente, que esto es una mentira y que él no merece vivir.

abril 04, 2009

Inicio del cuento

Siempre me interesó esa primera imágen: "Era una cáscara de hombre". La frase en sí, no era solamente un esteticismo del autor, un simple acto de grandeza, como un iniciático de Borges. No. es mucho más. Quizá seguir leyendo ayude a entender la magia: es el protagonista que escribirá la novela en primera del singular, sin embargo  esa situación,  ESE momento exacto, es presente. Luego, el relato discurrirá en los avatares de nuestro (anti) heroe pero desde lo que ya ha acontecido.
Ahí está nuevamente la singularidad de la más bella frase de todos los tiempos. El autor se describe por única vez, primera, solitaria y final, en el mismo comienzo de la primerísima primer linea. Aunque quizá, ya no lo se, podría estar al final, y sería igual. 
Porque entonces sólo allí donde el hombre, su existencia y el empredrado se reconocen por fin como pares, donde Buenos Aires se vuelve nuevamente más sola que nunca, como aquel que espera, ahí la soledad encuentra al verdadero ser, a la esencia misma del homrbe, esa cáscara desgarrada.
La humanidad late con la ciudad, late con su profundidad, su singularidad y su perpetua ignorancia, de una ciudad que vive, gravita sobre nuestras vidas, sin siquiera percibirlo.

Puede ser la imagen más poderosa para el porteño, o quizá, puede serlo, de toda la humanidad. En ese sentido de la buenos aires, ciudad del mundo; el artista se vuelve justamente allí, eterno e infinito. 
Valga redundacia, me encuentro aquí, como una cáscara de hombre, venida a menos claro, con menos dotes, con menos historia, pero con la desnudez de mi vivencia incrustada en mis víceras y en el perfume de mi indolencia. 

Camino y me perfumo con los roces que me doy con la vida. Porque por momentos me siento libre, brillando... completo y vivo. Allí somos una cáscara, que no nos permite encontrarnos, todos recluídos en nuestras casas redondeadas, con sabores conocidos y gustos radicales

Reclusión y libertad, ejes que alguna vez entenderé por qué reitero.

marzo 20, 2009

Fin del cuento

Hacía falta un gesto, un trastabillar de las palabras, una mano secándose el sudor, o un camino de hormigas que pasara justo delante, para que todo terminara en mil pedazos. 
Son gestos, son figuras simbólicas que adornan los hechos que delicadamente el tiempo va poniendo en el camino. Son estelas invisibles que con dulzura dejan sinnúmero de pisadas, de caminos sin salidas, de trampas encubiertas.
Entonces, la delicadeza de su mano secándose el sudor, la mano que peina en un mismo momento  que luego  escupe un "Hasta acá llegué...". 
Pum. Fin de la historia. Caos de una muerte anunciada por mil historias pasadas. Novelas y películas lo anticiparon un hecho como aquél. Palabras de más, pensamientos inoportunos y un gil parado en la puerta de su casa invitándola a salir. A salir!
"...después de caminarme toda la ciudad, llegué, te propongo que dejemos todo, huyamos de esta mierda y vivamos nuestros sueño de estrellas regaladas, de mar de arenas y mil cuentos contados y nunca vividos". 
Lo iba a decir, estaba a punto, con el sudor en su mano, impaciente por verla, demostrarle que toda esa locura de años fugaces habían concluido. La iba a invitar a su casa, le iba a estrellar ese amor que alguna vez cultivó sin premura en una noche de verano, en costas alejadas de su origen. 
Pero ella estaba lo suficientemente predispuesta a los gestos, a los símbolos, a los contubernios con los que había soportado estoica mil avatares. Negando con una sonrisa, porque nunca, jamás, dejó de sonreír y se lo previno: "Ni una palabra más. Te vas! que seas feliz". 
Claro, se veía venir. Pero, ¿cómo él no lo vio venir? Lleno de historias, de tragedias, de años imaginando un final feliz. Pero si! los finales felices, vaya novedad, todos sabemos dónde van a parar.
Rumiando un asfalto cavernoso, retornó a su no lugar, de nuvo en su partida. Ella jamás sabría esas palabras prometidas, tantas veces repetida. El jamás imaginaría que el gesto anterior, mucho antes que él llegara, la había decidido. Una mueca imaginada, en un diálogo virtual entre ella y él. Se lo había imaginado dudando, se había sentido usada, y él "el  indeciso de siempre", el imposible, el nunca jamás. 
Por madurez o simple hartazgo, le cerró la cara, en la puerta, casi en un llanto, con la impotencia de quien no mira más, sientiendo el deseo de desaparecer. 
Ese gesto, imaginado y nunca real había cerrado la puerta de ese ese cuento, real por momento, siempre siempre soñado.

enero 22, 2009

el hombre-de-pie

-Ponete el forro, dale!- Dijo entre risas la mujer-desnuda.
Ningún cliché debajo de la seda blanca que acababa de desprendese de su cintura. La rudimentaria ternura del cuerpo desnudo, la imperfección ahora patente, de una eterna obra de arte, se reflejaba en sus ojos. Allí estaba ella, exigiéndole vaya uno a saber qué y lo único que importaba era encontrarla bajo su desnudez. Geográficamente la tenía sometida en su retina: la mujer-desnuda yacía bajo la sombra de la pequeña e insigificante luz que se animaba cruzar las persianas rotozas, en el centro exacto entre el colchón tirado y la mesita de luz -de libros apilados-, fumando un porro retorciéndose la oreja. Todo, entre esas paredes carcomidas por una humedad desconocida y un techo desprovisto de luz ni color, roto como el alma de aquél.
Gegáficamente conocía el lugar. Allí. A pocos centímetros de sus dedos, estaba ella, solicitandole de forma insitente -"pero ponete las pilas che. ¿O no me vas a cojer hoy?". En un susurro sus palabras se adentraban como una melodía sin sentido. ¿Qué decía? ¿Qué importaba? Sólo alzar las manos y su cuerpo estaría a su disposición. Allí! ¿ves?, entre los muebles insignifiantes y la ropa tirada, está ella desconocida, completamente desnuda.
La desesperación de sentir la cercanía y hacer que todo lo demás desapareciera; son las condiciones existenciales de su momento. Sin embargo, el hombre-de-pie no puede hablar, mudo luego de la última oración de la mujer-desnuda, el hombre-de-pie queda petrificado esperando un momento de lucidez para entender(se) en los algoritmos de su pasión desmesurada y su innegable exitación.
Desaparecer ahora. Claro, ¿no ves? Es sencillisimo. Fundirnos en algo parecido al sexo, olvidarnos de la mierda que está allá, allá, como un algo exterior, por fuera de nuestras existencias, el mismisimo catre podrido en el que nos acostamos.
Momento y tiempos. Ahora! la mujer-desnuda se da vuelta y lo observa desde el espejo de círculo ovalado. Él, que no termina de decidir si mirar sus ojos a través del resplandor o mirar su faz real, aquella que surge de su espalda. Surcado por pequeñas islas, sus inconfundibles lunares, se aloja la espalda más hermosa e inconmensurable de la tierra. El lo sabe, lo comprende, lo esgrime como la única condición por la que se encuentra en este momento y así todo, no puede articular palabra.
Su espalda infinita, sus lunares insondables acompañandola por senderos desconocidos, para siempre secretos acallados, se vuelven ahora la oportunidad para comprender. Escondido y temeroso en la desnudez de aquella, el hombre-de-pie se siente pequeño y sin aliento.
Desnuda al fin, sin nada por ocultar, la mujer-desnuda se vuelve para él un río tempestuoso, inabordable. Así de vulnerable despojada de todo, así se sentía él, mirandola a ella, ahora, esta vez, a los ojos del resplandor ovalado.
-Ves?, cómo te cagás pichón. Tanta manija pá que ni el forro puedas agarrar. ves!- Ella en su mundo, mirándose las uñas de los pies, alienta una amenaza entredientes.
Claro que el hombre-de-pie ve. Observa impasible la linea delgada inexistente de aquellos cuerpos que a-penas se tocan. Pero la pena es la imposibilidad de ese encuentro posible. Ese cuarto imaginado, indigno de sólo pensar, de paredes resquebrajadas, de muebles inútiles, de techos húmedos y esa mujer infinitamente cercana y esternamente desconocida resultan imposible de tanta posibilidad. A ese contacto iniminente, imposible creer la existencia de ese cuerpo inerme, su espalda y sus islas de lunares.
De pronto el hombre-de-pie volve en sí, a esa imposible realidad. Siente el calor en sus manos, aprisionadas por las de ella que lo apretaba con fuerza. ¿Cuánto había pasado? Una hora, unos minutos?
Ahora de frente a él, la mirada almidonada, almendrada de sus ojos color de tierra, cálidos, calientes lo miraban furtivamente. -Nene, te quiero. Qué necesitás? Estoy acá, vivo.
Claro. Estaba vivo. Su corazón bombeaba, su sangre fluía, sus venas se dilataban. Sus manos sudaban, su pene se erguía. Vida y nada más! Tambaleante se sostuvo en sus rodillas, sintió el clamor de la vida en su piel, en su sexo, en su existencia imposible. Vivo.
Se aterró. Pensó en la muerte, en no poder nunca más revivir, repetir o incluso imaginar la repetición de ese momento con la mujer-desnuda. No le respondió. Tomó una camisa, el pantalón raído y con la desesperación del condenado a muerte, buscó el picaporte a tientas, abrió la hendija, y desapareció.

enero 20, 2009

similitudes

En la intemperie, bajo 10 grados bajo cero, en Estados Unidos, 5 millones de personas esperan el juramento de Obama.

En la Argentina son 10 millones de personas que viven en la intemperie, debajo de la linea de pobreza.

enero 14, 2009

Sombras

El halo de de sombra que parecía sostener su charla, se hizo patente. Vino camuflada, zigzagueante con la penumbra de la noche, confundiéndose en el contorno. Luego su sombra se volvió rostro, entre sus ojos, sus párpados y nariz. De a poco, imperceptiblemente, iba bajando, tomando ahora sus ojos color cielo, cegando ya completamente todo rastro de luz. Allí comprendí la luz que tenemos, cómo logramos percibir toda la luminosidad de la humanidad. Aquí, todo se volvía noche, incluso él, su cuerpo entero, entraba por su garganta, carraspeando palabras incomprensibles. Sus mejillas enrojecidas hace poco por un apurado vino que emborrachaba a la tristeza, ahora se volvían parte de ese frío y oscuro devenir.
Y de pronto frente a mi la nostalgia encendida en un cuerpo de hombre. La tristeza contenida en un oscuro amigo desconocido. Lo adivinaba por ese resplandor en sus ojos, esa tristeza hechas lluvia, en un rostro infinito por el que rodaba una lágrima sin brillo. Angustias pequeñitas que ya sin fuerzas caían apaciguadamente junto a otras que sin fuerza, se contuvieron al filo de la mirada.
Mientras tanto, cayéndose de algún balcón de buenos aires, alguien escucha la melodiosa desarmonía de un corazón que se rompe, de una historia que no sigue, de un amor que ya no vuelve. 

diciembre 22, 2008

Crónica de lo profundo

Ella baila sola, iluminada por flashes en el vagón del subte be. Es tan hermosa verla singular (qué virtud la 3era persona del ídem) en sus pies descalzos intentando mantenerse en esa postura puntitas de pie. Se apoya en esa música, traqueteo infernal, chirrido agobiante, corbatas golpeando portfolios y escotes rozando tetas industriales. Todo en plena armonía, baila una hermosa melodía en un vagón del subte be. 

Una danza de escalofríos, de sudores cálidos, de brazos extensos y pequeños labios que cantan en ese silencioso ritual. 

Un túnel, ahora. Hondo se oscurece, pero su imagen adivina en su ciega pasión, bailando, festejando la negra noche del tren. El pasadizo que la acoje, la acompaña, porque nadie ve. Y se siente plena, y su danza es frenética y genial. 

Y como en una sinfonía total, la oscuridad, el suicidio, la muerte final y de pronto... la resurrección: Otra estacióny de nuevo luz. 

Un alto y el silencio. Una tensa calma en la luz nueva de esta incógnita y somera estación. Luces y voces. Ella calma. Clama descalza volver a despertar. El bullicio que se extiende en sordos rumores, para volver a comenzar y ella, ay! de ella que prosigue encantadora-encantada, encantando a quien quiera ver.Serpientes ciegas, viajan con ella, sin tocarla mientras toca esa sinfonía invisible.  Y puebla de imágenes, estalla en mil fantasías, sus pies descalzos, su sonrisa tenue, su soledad y su cuerpo que se apoya, se extiende, se nivela, se desplaza como un sigilio, como un secreto. 

Y en ese paso disperso se va. Se esfuma, sin nadie más. A tientas, ciega a los ojos del resto. ¿Es un fantasma, una pequeña existencia o una idea fugaz de un sueño de cartón, bajo tierra y sin respiración. No lo sabrán, claro. Seguirá viajando por los trenes, descalza y sin razón.

diciembre 17, 2008

noviembre 25, 2008

Instantánea

Todo se vuelve un click, un blanco y negro. Sepia. Cartón. Película invisible
Las calles, sus vidas, sus grietas, sus melancólicas estelas de dolor, gritan y aullan, sin mirar. Una foto.
Un perro y su basura en plena city y pasando casi invisible, como todo, el señor de corbata. cliiick.
Dos turistas holandesas impactadas, un niño albanés, tocando su decrépito acordeón y a su lado, la hambrienta hermana desdentada. ccccliccck.
Papelitos con ofertas, lsd´s en una esquina y un ciruja escupiendo algún insulto arrabalero, la soledad de la calle. Clikkk.

Película del momento, imágenes de una lucidez. La eterna mirada hacia la verdad revelada, digitada.  La foto, en la cabeza, un disparo de luz, una apertura del diafragma-corazón y un estampa de la vida. Una receta, un momento sublime, un especie de zozobra al mundo que nos rodea.
Y se vuelve foto, sin relieve, sin textura, la más llana escenografía del infierno-paisaje. 
Clicks cotidianos, clisés. Callan y así estallan siempre, brutos pedazos de bosta en la cara alargada de tu señora mayor. Tomá! Click.
Otros no importa! la viven, y qué más da. Sin película, sin rollos, sin sentido de existencia, caminan coloridos, en sus colores mantequita. 
Ellos la ven pasar, ellos sigue sonriendo, click


noviembre 12, 2008

Encuentro

Siento todavía el perfume de ayer, el de años que perdura toda la vida. Impregnado todavía en mi piel, en mis ropas y en mis noches, sigue ahí perenne, porque hoy tengo la certeza, nunca se fue. 

La brisa de la noche me trae el recuerdo de todo lo vivido. Es una estela para ver más allá. Los años que fueron son también los que vendrán. 

Y en un suspiro toda tu ternura, tu mirada inalcanzable y tus labios de espuma.  Tu piel y la mía disfrutan indiferentes al mundo tantos besos contenidos, tanto tiempo imposible, tanto tanto. El rumor de tu camisa, de desprende sin mediar, para sentirte por fin.  Tu transpiración se entrelaza con nuestras almas gimientes. Ahora el perfume del sexo lo inunda todo. 

Una noche, como esa noche, todas las noches y ninguna. Son imposibles que se vuelven sueños. Sueños vueltos estrellas, iluminando el infinito. Tiempos paralelos, mundos lejanos. Se suspenden por ese instante, que es eterno, todos los miedos, las inseguridades, toda la desconfianza y la soledad. 

Y si me entendieras! cuán difícil es todo.

Otro suspiro. 

Sin sentido y sin razón. Tiene un punto y un volver a empezar. De nuevo mil miedos nuevos, mil cuentos por decir, mentiras que sostener y un mundo real que vivir. Todo cae en ese instante y son dos, solamente almas unidas por lo inverosimil e inexplicable.

Entonces te despido en otro suspiro que se desvanece, otro sueño imposible, otra noche hecha para los dos, que desaparece con nosotros. Una vez más, un hombre y una mujer, encontrándose para dejar de existir, otra vez; hasta volverse a encontrar y volver a morir.

noviembre 06, 2008

Aprendo

La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato.

Rayuela. Cortazar.

noviembre 03, 2008

se(r) constituye(nte)

Venía masticando ilusiones, rumiando la voluntad cansada y obsoleta. 
Estaba esperando sin más, que el tiempo pase, que la imagen me deslumbre o que el mundo por fin estalle, 
Sintiendo entonces la musiquita en mi cabeza, empezaba a caminar el empedrado de ese barrio, bah. Callecitas de un misterio llamado lugar.
Tierra herida, de tanta sequía y los sueños deshilachados de tanta agua bajo el puente. Tanta sabia semilla, de tanto brote por desborde. De tanta violencia sin palpar. 
Entonces preguntaba, que qué tanto cielo haría falta, para tanto corazón deshecho. Qué podía salir y disparar y que si no pasaba tampoco iba a cambiar.
Preguntaba caminando y en el andar la duda se iba desperdigando, allá  entre mis zapatos sucios, mis tobillos dolidos y una lluvia que no espera arrancar. 
Ahí mismo  la montaña. Ahí o allá. Dónde está?, En definitiva no parece tan grande. El horizonte chiquitito ociquea las nubes desinfladas. El cielo eterno, tan eterno como el sol, sí! claro, calentamiento global.
 
De ser así, porque no hervirnos en una olla, entre zapallos y bananas. Que ya todo se acaba, no cuesta nada arrancar. Que si no es ahora, cuando! Que sino es ACA, donde más!?

Dejame soñar un poco, dejame quedarme aca

octubre 22, 2008

De pronto, escritor visceral, escritos fugaces, urgentes, fogosos, deliciosos. La búsqueda del papel, cualquiera. De celofán, servilleta, higiénico o carbónico, lo mismo da. Da lo mismo, escribir en la mano, en la pared, en la tela o el sillón. Apenas da. Porque todo vos, expele, regurgita, trasunta lo que buscás. Te carcome, te subyuga y ante eso, la nada.
Y nada alcanza. El terror que tu papel se acabe, que la tinta perezca, que el tiempo culmine. Y a pesar de todo, siempre sin decir nada, sin escribir nada.
Hasta  que algo cobra sentido por primera vez. Ocurre lo mágico inimaginable (no maginable). Algo, alguien, qué! de pronto cobra sentido.
De pronto tu sillón sin esperarlo desaparec

septiembre 02, 2008

(...)

(...)y de pronto, a eso de las seis y media, en medio de una vorágine argumentativa, no resultaría tan malo una "revolcada industrial".

es que a esta hora y con este cansancio, todos los gatos son pardos.

(.)

agosto 26, 2008

Silencio II

No hay banda. claro! porque somos todos mímica, recuerdos, memorias de algún otro soñandonos. Como cuentos borgeanos vivimos, sin decirnos las vidas vividas, caminamos como otros, siendo otros, sintiendo como un extraño. Sentimientos que se nos imponen, que no nacen, que se evaporan al instante.

Hay silencio, y después, la perplejidad, el saber, el conocer exactamente que luego que la banda cese su voluntad, el silencio se volverá perpetuo. Y en vida, el silencio es una calamidad, un paria, nuestra propia sombra que nos deja solos frente a la verdad. El silencio y el grito se fusionan siempre, como si el más mudo pudiera ensordecer al mundo. Porque no hay peor miedo que el que no quiere decirse.

Nos lo dicen, nos lo advierten, No hay banda! y así, pensamos e imaginamos mil imágenes y sonidos, texturas y voces. Porque somos seres llenos de puntos y fugas. Pero la advertencia pronto se hace realidad y caemos, con ella, en la tristeza, en el agobio. En la idea cabal, de que todo esto no existe, un juego, un cuento, un momento más en la inexistente vida de un hombre.

Es la certeza que no somos más que con el otro, que da sentido a la escucha, a la música, a lo que hacemos, a lo que vivimos permanentemente con y para el otro. Y así la vida vive en ese cuento borgeano, que bifurca caminos, que enloquece en sueños y en realidad, en vidas compartidas y muertes profundas y finales.

Siempre somos, seres brillantes y silenciosos en noches confusas.

agosto 22, 2008

Viernes 5.38

Asesinos sueltos a la salida de la oficina, un contestador con amenazas, una pesadilla recurrente, y un sin fin de no me acuerdos que estallan en mi vida como recuerdos continuados.

Y sigo siempre sigo, en presente y sin condicionales, caminando en la verja, en la linea delgada, en el punto antes de la coma y así, un etc.(étera). Un texto que se anida en otro, como las capas de la cebolla, pero sin lágrimas, así como un todo enmarañado con un gusto fuerte en la boca.
Y después la caída y vuelta a levantarse. Cuestión de andar, y ojo! no dejarse llevar.
Todo en un día complicado, en un viernes sin fin, en una mañana apática, de sol que no calienta y de frío interior.
Es algo asi como una lucha, que no deja de contarse, en palabras y caminatas, en memorias y sueños. Que no va a ningún lado! pero qué va! si apenas puedo callar.

Baños sucios, canciones desgastadas, paredes húmedos y futuros mojados. Qué esperar sino la espera, que acontece, sin detenerse.

Espero entonces, al asesino en mi puerta, a la llamada amenazante y al sueño. Sueño que espero sea sueño y no tragedia, como suele pasar. Y si no pasa, pasará. Eso es definitivo y no hay punto que contenga semejante afirmación.

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